“Una vez que sepamos a qué altura se obtiene mayor velocidad, tenemos una turbina hidrocinética que estamos construyendo con (la empresa estatal de soluciones tecnológicas) Invap, de unos 4 kilovatios de potencia, con la que se va a establecer el ‘factor de carga’, estimado en 80 días” de producción de energía cada 100, informó Bianchi preguntado por Télam, en referencia a la cantidad de días aprovechables para la generación de energía.

Hay tres tipos de energía mareomotriz: una debido a las olas; otra, a la subida y bajada de mareas y la tercera, a la corriente. En Punta Loyola se aprovechará el incremento de mareas sin necesidad de hacer estuario, que está sobre el mismo Río Gallegos.

En el Estrecho de Magallanes, se dispondrá de las corrientes continuas del Océano Pacífico y del Atlántico.

Con el “factor de carga” que da el valor de potencia, se obtiene con la turbina la eficiencia, a partir de lo cual se elabora un caso de negocio y se plantan turbinas más grandes, superiores a 25 megavatios.

“Estamos estimando gran cantidad de energía porque todo nuestro gran estuario que tenemos, toda la zona de energía del mar es muy alta, y estamos hablando de 10.000 megavatios de potencia que podríamos llegar a instalar”, estimó.

Bianchi presentó el registro audiovisual de la instalación en alta mar, el 2 y 3 pasados, de las boyas Axys y Wavescan, en una conferencia de prensa junto al ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao; el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales-YPF, Miguel Galuccio, y los científicos que participaron de la misión, Gustavo Seisdedos y Norma de Cristofaro.

Galuccio consideró clave haber pasado en poco tiempo “del proyecto a trabajar en la aplicación en el campo, lo que va a permitir saber si se va a poder trabajar en mayor escala”.

“La apuesta que hicimos con Y-Tec, creada en 2012, es no convencional desde el punto de vista de una empresa petrolera, que habitualmente pone su dinero en riesgo entendido como exploración, y mucho menos en investigación y desarrollo”, por lo que “es una fuerte apuesta a la innovación en no convencionales -petróleo y gas- y energías alternativas, expresando un pensamiento amplio hacia el autoabastecimiento energético”, planteó.

Barañao consideró que a la demanda incrementada de energía, aparece la demanda social de que sea ecológicamente sustentable. “Por eso, cuando se habla de energía renovable, tiene que ser ecológicamente amigable, y por eso este proyecto es tan atractivo”, dijo.

El presupuesto para el hito inicial de compra e instalación de las boyas fue de 2,5 millones de dólares, y a mitad del año próximo comenzará la instalación de la turbina para establecer la altura a la que hay mayor flujo de agua.

Los parámetros que mide la boya Axys, de origen canadiense y que trabaja en grandes profundidades, son presión atmosférica, dirección y velocidad del viento, dirección y perfil de las olas, humedad relativa y temperatura.

En tanto, la boya Wavescan, de procedencia noruega y que trabaja entre los 600 y 1000 metros con un “lander” que permite desplazar el instrumental, brinda información sobre corrientes marítimas, dirección y velocidad del viento, presión, temperatura y humedad.

El proyecto multidisciplinario integra al Centro Patagónico-Cenpat, a tecnólogos de Y-TEC -empresa integrada por YPF y el Conicet, y la Universidad Tecnológica Nacional regional Santa Cruz, entre otras entidades.

Los equipos a través de los cuales los científicos de Y-Tec medirán el potencial de las corrientes oceánicas para la generación de energía eléctrica están ubicados en el estuario de Río Gallegos y la desembocadura del Estrecho de Magallanes, en Santa Cruz.

El proyecto busca que las energías alternativas se incorporen a una matriz energética nacional diversificada y representen un 15 por ciento del total de la potencia.

“El valor que uno tiene de energía del mar, depende de la condición de la zona costera que uno tenga; si uno tiene que construir un estuario para que el agua se derrame, es mucho más caro que tener una subida y una bajada en el mismo río, que es el caso de Punta Loyola, presentando una condición ideal para Argentina“, describió Bianchi.

Respecto a las corrientes marinas, “en el Estrecho de Magallanes estamos hablando de cinco nudos, una velocidad enorme que ahora queremos confirmar” con el instrumental de las boyas.

El estudio revelará también la distancia ideal desde la costa en la que instalar las turbinas, datos que además serán cruzados con el enorme e histórico acopio científico de datos sobre la migración de mamíferos marinos.

Los datos obtenidos por las boyas fondeadas permitirán en los próximos tres años formar jóvenes investigadores y tecnólogos en el estudio de nuevos materiales, biocorrosión, utilización del Hidrógeno y estudios ambientales.