Desde el Ministerio de Salud de la Nación advirtieron que las peluquerías pueden transformarse en un foco de contagio de enfermedades similares a la que se pueden contraerse en un hospital.

“Como sociedad, culturalmente, exigimos cuando vamos a un hospital que se esterilicen los elementos que utilizan los médicos, pero a los peluqueros no, y tienen el mismo riesgo de contagio”, sostuvo a Clarín el viceministro de Salud, Néstor Pérez Baliño, y pone la mira en las tijeras, navajas, alicates y cortacutículas, instrumentos que se usan a diario y que se transfieren de cliente a cliente, de cabeza a cabeza, de mano en mano.

El estilista Fabio Cuggini y el entonces legislador porteño Cristian Ritondo (PRO) presentaron en junio de 2013 un proyecto de ley para regularizar la profesión dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Pero el tiempo pasó y la iniciativa caducó. Sin embargo, el dueño del cabello de los famosos ahora sumó a otros colegas y quiere reactivar la idea que busca fomentar la creación de un Colegio Único de Peluqueros, donde los profesionales recibirán una formación específica sobre el tratamiento de enfermedades sanguíneas, el manejo de los desechos y la manipulación de productos tóxicos.

“Aunque algunos crean que un corte de pelo puede ser inofensivo, una manipulación incorrecta de herramientas de trabajo puede provocar lesiones profundas que pueden devenir en infecciones más graves”, agrega Pérez Baliño y suma: “Desde el punto de vista sanitario, nadie se puede oponer a que los peluqueros se capaciten”.

El proyecto exigirá al peluquero que estudie materias teóricas y prácticas en academias autorizadas. “Deberán informarse sobre HIV, hepatitis B, y otras enfermedades, ya que se usan elementos cortantes y tendrán credenciales que los habilita a estar óptimos para ese trabajo”, cuenta Cuggini. Y agrega: “Hay obligaciones en los locales que deben ser respetadas por los empleadores. Son muchos los accidentes de trabajo que pueden evitarse con prevención y prestaciones reparadoras”.

Fiel a su estilo, Cuggini reclamó de una manera particular: salió a cortar el pelo a la calle para demostrar que la situación actual es poco prolija. “¿Quién dice que alguien puede ser peluquero? ¿Qué acredita a una persona poder abrir una peluquería? Nada ni nadie. Por eso salgo a la calle. Total es un viva la pepa”. El coiffeur también le apuntó Gobierno porteño: “Es grave lo que pasa, pero parece que (Horacio) Rodríguez Larreta y (Diego) Santilli no quieren darse cuenta”.

Otros peluqueros también se sumaron al reclamo. Uno de ellos, Manuel Olivares, dueño de un local en Alvear y Callao dijo que son muchos los que no cambian la hoja de afeitar para economizar: “Eso es un simple ejemplo de una dinámica que puede generar muchas infecciones”, dijo. Pérez Baliño insitió: “Cuando una persona se va a sacar sangre quiere estar seguro que se trata de material descartable o cuando va al odontólogo pretende saber que lo están atendiendo con elementos nuevos. Lo mismo debería suceder en las peluquerías”.

Pero no sólo se pueden provocar cortes y lesiones con las herramientas cortantes. En las peluquerías se utilizan además productos tóxicos, como los colorantes. Si bien la problemática que se presenta con mayor frecuencia es la intoxicación por los vapores y humos, también se pueden generar quemaduras de diferente grado en el pelo o el cuero cabelludo.

“Es por eso que este proyecto también generaría un seguro por mala praxis por los daños y perjuicios que ocasione el mal desempeño de la actividad del matriculado”, remarcó Cuggini.