Los gremios de transporte se reunirán el viernes para definir si piden fecha para un paro general en la reunión de la CGT prevista para el jueves 16, cuando el tridente conductor y los 30 miembros del Consejo directivo se saquen chispas por los incidentes en la marcha del martes.

La Confederación del Transporte (CATT) está presidida por Juan Carlos Schmid, uno de los miembros del triunvirato que debió escapar ayer de Plaza de mayo, abucheados por no definir una fecha una huelga general.

Era el más interesado en confirmarla, pero chocó con la moderación de sus pares Héctor Daer y Carlos Acuña.

Aunque Schmid preside la CATT, las voces más esperadas serán las del cuarteto sindical capaz de parar el país en unos minutos: Roberto Fernández (UTA), Omar Maturano (Ferroviarios); Pablo Biró (Pilotos) y Juan Pablo Brey (Aeronavegantes).

Este grupo viene de un logro histórico en diciembre, cuando con un paro de medio día logró subir el mínimo del Impuesto a las ganancias y aplicar deducciones a sus actividades, beneficios negados por Cristina Kirchner.

Ayer subieron al escenario pero no llevaron grandes columnas de gente ni presionaron para definir una fecha de paro.

Recién tras el violento final, con Pablo Mayo y militantes kirchneristas a las trompadas, Maturano anticipó que pedirá un paro el 4 de abril, pero nadie lo respaldó.

De hecho, antes del acto Fernández pidió una tregua de 10 días al Gobierno, moción a la que esta mañana se sumó Andrés Rodríguez (UPCN), aunque pidió 25 días para tomar una decisión.

Las diagonales del jefe de los colectiveros no son nuevas. Fue el más duro para sumarse a los paros por Ganancias contra el kirchnerismo y en diciembre sólo aceptó frenar los micros dos horas y no seis, como el resto del transporte.

El encargado de contenerlo es Guillermo Dietrich, dueño de los subsidios que permiten el funcionamiento de los colectivos en el país.

La lista de sindicalistas moderados es más larga y en la CGT creen que varios hablaron con Macri el lunes para gestionar una tregua.

Además de Rodríguez, identifican en ese grupo a José Luis Lingeri (Obras sanitarias), como jefe de Luis Scervino designado por Macri como superintendente de servicios de Salud.

Ayer no se lo vio a Gerardo Martínez (Uocra), a quien los gremios disidentes de la construcción le dedicaron banderas de repudio.

Schmid y Maturano creían esta tarde poder imponerse por la presión de las bases y de los industriales (convocantes de la marcha del martes), pero sabían que no será tan fácil sino suman a toda el transporte.

Esta mañana empezó a sentirse la incomodidad entre los cautelosos. En una entrevista radial, Acuña habló de un paro el 31 de marzo y el 3 de abril.

La sede de la CGT fue un hervidero. La Asociación de Trabajadores de la industria lechero (Atilra), en guerra por el cierre de cuatro plantas de Sancor, envió un conunicado para desligarse de los incidentes. Algunas filmaciones los mostraron cerca del escenario.

Otra carta fue de Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, para ofrecer un operativo de seguridad ante otra movilización. El tridente que maneja la CGT demostró que no es un tema que maneja.

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