Por Mauro Viale – La metodología de la cuestionada medidora de rating, IBOPE, castigó el último domingo al programa del periodista más premiado del momento: Luis Novaresio. Debo decir, que siempre marca entre 5 y 7 puntos por emisión, esta vez ligó la reprobación caprichosa de esa empresa: 1,5 puntos.

Con una producción notable, la presencia del candidato Florencio Randazzo, que no suele pisar un estudio de televisión, y el conductor más creíble del momento, el programa fue rechazado por unos aparatitos que, teóricamente, migran hacia Susana y Lanata de manera desproporcionada, exagerada, sospechosa… muy sospechosa.

Porque es ilógico que uno crea que los públicos migran tan velozmente. Seguramente el telespectador de Novaresio no es el que ve a Lanata, y menos a Susana. ¿Entonces?

La cuestión es la relación de IBOPE con el poder (Telefé y Canal 13) así como los notables buscan la junta con los rentables (entiéndase). América y A24 son terceros para aquellas medidoras se ponga al aire lo que fuere.

Es la impunidad, la grosería, la imperfección visible. Todo eso junto. No es profesional.

Es hora de que el negocio televisivo sea sincero y cambie las reglas por otras más justas, más serias.
IBOPE es una empresa cuestionada por todos en voz baja. ¿Y si lo hacen de una vez en voz alta y modifican este triste panorama? ¿Se animan?