“El déficit fiscal no es tanto el problema, el verdadero problema es el déficit de cuenta corriente: no podemos estar tomando deuda en dólares para financiar viajes al exterior y fuga de divisas”, fue uno de los comentarios que se escuchó ayer en la Unión Industrial Argentina luego del encuentro con los ministros, en relación con el atraso cambiario que golpea la competitividad de la producción argentina.

En efecto, los últimos datos del Indec muestran que el saldo comercial acumulado a septiembre es un déficit de 5.200 millones de dólares, un récord histórico de desbalance entre importaciones y exportaciones, que asciende a 1% del Producto Interno bruto (PIB). Además, de acuerdo a los datos del Banco Central, al déficit comercial de bienes, se suma otro desbalance por el lado de los servicios de 7.989 millones de dólares.

Es decir que sin tener en cuenta los resultados de la balanza de rentas y de la balanza de transferencias, la cuenta corriente suma un rojo de prácticamente 13.200 millones de dólares, de los cuales 6.743 millones de dólares obedecen pura y exclusivamente a la categoría “Turismo y viajes”. Es que mientras ingresaron al país 1.418 millones de dólares por esta categoría, se fueron 8.160 millones de dólares por los viajes de argentinos al exterior. Además, otros 1.465 millones de dólares de déficit obedecieron a “Servicios de trasporte de pasajeros”. Y se proyecta que el déficit por turismo termine el año arriba de los 9.000 millones de dólares.

Sumando todos los rubros de la cuenta corriente, el déficit asciende a 19.700 millones. Y analistas consultados por LPO prevén que a fin de año rondará los 24.500 millones de dólares.

Y cada uno de estos dólares se corresponde con uno de superávit de la cuenta capital y financiera. Es una identidad contable. Y parte de este superávit que se obtiene por el ingreso de dividas financieras y deuda externa se pierde, no solo por el pago de intereses de deuda, sino por la fuga de capitales. Como adelantó LPO, en qué se vayan los dólares ingresados por el sector público mediante la toma de deuda externa hará que el gobierno de Mauricio Macri, con todas las salvedades del caso, sea equiparado al de Frondizi por el fuerte ingreso de inversiones productivas, o al de la plata dulce de Martínez de Hoz.

Y aunque la cantidad de exportaciones de bienes haya crecido 0,7% en los primeros nueve meses del año, el crecimiento de las importaciones del 17,7% lo superó por amplio margen. En el Gobierno destacan que lo que más creció dentro de las importaciones fue el rubro “bienes de capital” (26% interanual entre enero y septiembre), esto representa 10.948 millones de dólares. Por lo que podría decirse que por cada dólar que los argentinos invierten en importar maquinaria para la producción, 75 centavos de dólar se destinan a turismo.

Para Federico Furiase, director de Eco Go y profesor en la Maestría de Finanzas de la UTDT, este déficit de cuenta corriente que se financia con los dólares que el Gobierno toma de deuda y los dólares que ingresan para inversiones financieras (en su mayoría) o reales “Es la contracara de la percepción de un dólar atrasado, en un esquema donde la señal de la tasa del Banco Central para bajar la inflación y el financiamiento del déficit con deuda en dólares complican la competitividad del tipo de cambio real porque la inflación termina viajando más rápido que el dólar”. De allí el malestar de los industriales.

En otras palabras, los argentinos, incluso con una tasa de interés del 28,75% anual en pesos, consideran que el dólar está barato y conviene importar. Y viceversa: para el resto del mundo Argentina esta cara y por eso cuesta tanto exportar. Pero no solo conviene importar, sino que también se compran dólares para atesorar. La formación de activos externos del sector privado no financiero -alias la fuga de capitales- acumuló a septiembre 15.530 millones de dólares. Es decir que por cada dólar que los argentinos invierten en importar maquinaria para la producción, se fugan 1,42 dólares, ya sea que se atesoren en forma de billetes, se destinen al financiamiento del déficit fiscal mediante Letras del Tesoro (Letes) o se constituyan en inversiones reales en el extranjero.

“El problema es que cuando juntás el déficit de la balanza comercial de 1% del PIB por importaciones que vuelan frente a la suba de la inversión, pero con exportaciones estancadas en cantidades, el aumento de los intereses por el financiamiento con deuda del déficit fiscal (2% del PIB), y el déficit en la balanza de turismo, nos acercamos a un déficit de la cuenta corriente externa del 3,9% del PIB. Y pocas veces Argentina pudo crecer en forma sostenida con un déficit de la cuenta corriente externa mayor a 4% del PIB”, advirtió el especialista consultado por la relevancia del desequilibro externo.

Pocas veces Argentina pudo crecer en forma sostenida con un déficit de la cuenta corriente externa mayor a 4% del PIB”, advirtió Furiase.
“Es verdad que en un mundo de tasas bajas, con el mercado jugando a favor y margen de construcción de capital político del gobierno, el déficit externo se podrá financiar a tasas razonables, pero esto no es sostenible. Además, deja el nivel de crecimiento de la economía muy expuesto a shocks externos, junto al déficit fiscal y a la necesidad de renovar mensualmente el stock de Lebacs. Todo esto puede presionar sobre el tipo de cambio si cambia el humor en los mercados internacionales y se ponen más selectivos en la evaluación del riesgo”, agregó Furiase.

Consultado acerca de las medidas necesarias para hacer sostenible este déficit, Furiase explicó a LPO que “Para que el gradualismo del gobierno sea sostenible, es necesario que las exportaciones en cantidades repunten y acompañen el crecimiento de las importaciones. Pero como es difícil mejorar la competitividad del tipo de cambio real mientras se intenta bajar inflación con tasa de interés y mientras se financia el déficit fiscal con deuda en dólares, el gobierno tiene que dar señales de competitividad a través de la baja de la carga impositiva, la baja del costo financiero y sobre todo con obras de infraestructura que mejoren los costos de logística y transporte del sector transable”.

“En este sentido no me queda claro que la baja de impuestos internos a bienes de consumo durable con alto contenido importado y la potencial suba de impuestos internos en productos de economías regionales que exportan, logren incentivar las exportaciones netas para mejorar el déficit externo”, concluyó el especialista.