Mauricio Macri cerró este jueves la crisis del vino que se había abierto con los gobernadores de las provincias productoras con el anuncio de la reforma tributaria. Le anunció a Alfredo Cornejo que el arancel seguirá siendo cero para la bebida nacional y dejó en evidencia la interna que se había abierto en el Gabinete por este conflicto.

El anuncio dejó en una posición incómoda al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien había defendido el aumento del impuesto al vino, y ya el miércoles no participó de la reunión con Cornejo y Sergio Uñac, en una ausencia sugestiva. La duda que circulaba es si se autoexcluyó o fue corrido de la negociación. Lo cierto es que hoy el anuncio corrió por cuenta del mendocino, que se juntó a solas con Macri tras la reunión con los gobernadores.

En las últimas horas había trascendido que el Presidente estaba molesto con sus ministros por el conflicto que se había generado con los gobernadores, un fastidio que creció cuando le acercaron números que muestran que tampoco la recaudación por el gravamen al vino sería demasiado significativa.

En Hacienda argumentaban que la reforma tributaria tuvo que ser anunciada de apuro por orden del ala política, que presionó para sacar los proyectos después del discurso de Macri en el CCK. Incluso, sostienen que ni siquiera totalmente terminado el texto ya que no habían concluido las rondas de negociaciones con todos los sectores afectados.

Eso quedó a las claras cuando se anunció que el impuesto al vino sería del 17%. El ministro de Economía mendocino, Martín Kerchner, tuvo que explicarles a los incrédulos productores que ya habían acordado que sería del 10% y que no se había corregido ese punto de la presentación. Según supo LPO, la baja de 17 a 10 por ciento se resolvió -por orden de la Rosada- tres horas antes de la conferencia de Dujovne, de allí que no estuviera actualizado el power point.

La desprolijidad del proceso fue desdramatizada por voceros de Hacienda que explicaron que era parte de una “negociación política” en la que se consiguieron cosas mucho más “importantes”, como -supuestamente- acordar la ley de responsabilidad fiscal y toda la reforma tributaria con fuerte reducción de impuestos provinciales, afirmación que hasta ahora no fue ratificada por los gobernadores.

Cuestionamientos a Galiani

El principal apuntado por estas idas y vueltas es el secretario de Política Económica, Sebastián Galiani, a quien en el sector empresario señalan como el ideólogo del impuestazo a vinos, cervezas y gaseosas. Galiani es un economista que dio clases en Oxford y que después de muchos años de vivir en el exterior, volvió al país convocado por Dujovne. Ese desarraigo ya le había traído problemas en una visita al Congreso, donde los senadores tuvieron que corregirlo en cuestiones básicas sobre la historia política de la Argentina.

El impuestazo a las bebidas alcohólicas se coló en la gira de Macri por Nueva York, donde en el almuerzo con empresarios lo presentó el CEO global de la cervecera InBev, Carlos Brito, quien le explicó que ya sufrían una carga impositiva récord.
Galiani ideó el impuesto en base a recomendaciones de la OMS que sostiene que hay que gravar a las bebidas perjudiciales para la salud. Los viñateros salieron furiosos a recordarles que el vino es considerado un alimento en Argentina y que no es perjudicial para la salud, como enseñó el doctor Favaloro.

No fue la única corrección que le hicieron. En el caso de las bebidas alcohólicas, según la OMS el gravamen tiene que ser proporcional con la graduación alcohólica. Pero el proyecto de reforma fiscal igualaba al vino con la cerveza (la alícuota sube de 8 a 17%), lo que despertó la furia de los empresarios de este sector, que ahora preparan su propia ofensiva contra los cambios. Fuentes de Hacienda confiaron a LPO, que también se dejará sin efecto esa suba.

La bronca de los cerveceros se coló incluso en la gira de Macri por Nueva York. Es que el Presidente participó el lunes de un almuerzo con CEOs de todo el mundo y el encargado de presentarlo era el principal ejecutivo de AB InBev, Carlos Brito, la dueña de la cervecería Quilmes. Brito aprovechó el encuentro para hablarle a Macri sobre el impuestazo y recordarle que y tienen una carga impositiva muy alta. El Presidente aceptó que era un tema para atender y le prometió que lo estudiarán. Fue otra desautorización para Hacienda.

En cambio, Macri estuvo terminante con otro de sus anfitriones en Nueva York, el presidente de Coca-Cola Latinoamérica, Alfredo Rivera. El mandatario le dijo que no hay chances de dar marcha atrás con la suba de la alícuota para las gaseosas con azúcar añadido, que pasa de 8 a 17 por ciento de manera gradual, ya que la Argentina sufre un problema grave de obesidad infantil.

Esto no alivió las quejas de ese sector, ya que sostienen que la reforma plantea un 0% para las gaseosas sin azúcar añadido, pero no contempla que actualmente existe una rebaja para las que usan jugo de frutas natural, lo que impulsa la producción citrícola. Ahora, sostienen, el impuestazo del 17% no tendrá en cuenta el uso de componentes naturales, por lo que para las empresas convendrá no utilizarlos -y apelar en su lugar a derivados del maíz-, ya que de por sí era más barato no hacerlo y ahora ni siquiera tienen el alivio fiscal.

Por otro lado, la queja del sector es que ya se paga el 50% de impuestos (del precio de venta al público) y que sería más conveniente apuntar a la producción en negro, que según la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas Sin Alcohol (CADIBSA) alcanza al 30% del total en el país. Solucionando ese agujero -dicen- se recaudaría lo mismo. Esa es la solución que aplicó en Brasil, que incorporó caudalímetros para controlar toda la producción.