De acuerdo al ránking de costos laborales unitarios de manufacturas (CLUm) que elabora la consultora económica Abeceb, Argentina ocupa en 2017 el último puesto de 25 economías representativas. Con 11 dólares por hora de costo laboral industrial y un rendimiento de 8,6 dólares por hora, el país obtuvo un cociente de 1,31, el peor de las economías en comparación.

El trabajo destaca que, entre los 25 países en la muestra, Taiwán es el más competitivo en costos manufactureros, seguido por México, Indonesia, Tailandia y China. En cambio, los puestos finales son ocupados por Francia, Suiza, Australia, Brasil y Argentina.

“La mala performance productiva es un dato que debe generar preocupación en nuestro país. Es importante destacar que el gobierno está consensuando los proyectos de reforma laboral y tributaria, y un pacto fiscal con gobernadores que mejorarían la competitividad”, aseguró Alberto Schuster, director de la Unidad de Competitividad de Abeceb.

No se trata de los costos laborales per se. Suiza, que quedó en séptimo lugar entre las economías con mejor performance manufacturera tiene un costo laboral de 40 dólares por hora, cinco veces el costo argentino. Pero rinde 83 dólares por hora, ocho veces lo que rinde un trabajador argentino por hora. Y tampoco con los sueldos, ya que el costo laboral también incluye aguinaldos, vacaciones, cargas patronales y cualquier otro cargo que se aplique en cada economía sobre el trabajador registrado.

De acuerdo al informe, el mercado laboral argentino ha mostrado un pobre comportamiento en los últimos 50 años, producto tanto de la elevada volatilidad macroeconómica, como de sus propias características: su rigidez o falta de adaptación a los cambios que la tecnología y la demografía le imponen y el elevado costo laboral no salarial (la porción del desembolso de cada firma para mantener su plantilla que no va al bolsillo de los trabajadores). En los últimos años se crearon solo 50 mil empleos privados formales por año. Sin cambios y sin la compensación del empleo público, el desempleo rozaría 15% en 2025, el doble que en la actualidad (8,7% fue el índice del segundo trimestre de 2017).

“Esta radiografía nos confirma que es necesario trabajar en mejorar la competitividad, entre otros factores, de los costos laborales”, subrayó Schuster y precisó “en Argentina, los costos laborales resultan más altos que en la mayoría de las economías emergentes (como República Checa, Taiwán, Polonia, Brasil, Chile y México). Pero comparados con todos estos países, sólo respecto de Brasil mostramos una mayor productividad laboral”, precisó.

Si bien en los últimos dos años se produjo una baja en los CLUm, que ha permitido una mejora marginal en la posición relativa de Argentina frente al resto de las economías consideradas, esta se asocia principalmente a la corrección macroeconómica adoptada por el gobierno actual. Así, entre 2017 y 2016 el CLUm cae 10% lo que representa una mejora en la competitividad, pero esto es producto de una caída de 17% de los costos laborales, que más que compensó una baja de 8% en la productividad.

“La caída de los costos laborales se explica por la devaluación del peso en ese período mientras que el de la productividad se debe a la baja de la producción manufacturera (habiéndose mantenido la cantidad de personas empleadas)”, aclaró el informe.

Si se analiza por sectores, el CLUm detalla que las ramas industriales menos competitivas son confecciones, textiles, radio y televisión, cuero y calzado, maquinaria de oficina, autopartes, minerales no metálicos, madera y edición. “Estos sectores, con excepción de radio y televisión y maquinaria de oficina, son intensivos en mano de obra y, en conjunto, emplean aproximadamente 300.000 personas”, se indicó en el análisis.

En cambio, las más competitivas son productos de petróleo, productos químicos, metales comunes y tabaco, mientras que Alimentos y Bebidas se encuentra en un nivel medio.

Schuster señaló que el Gobierno ha identificado las grandes trabas que impiden un desarrollo más acelerado o que requieren transformaciones para enfrentar las amenazas que el cumplimiento de normas de comercio mundial impone, y ha diseñado políticas para facilitar una mejora de su competitividad.

En este marco, sostuvo que aún quedan muchas asignaturas pendientes. Los proyectos de reformas fiscal, tributaria y laboral que el gobierno busca consensuar para aprobar en el Congreso, son buenos indicios en el camino de mejorar la competitividad. “Esto, sumado a un escenario global benigno (caracterizado por Brasil recuperándose lentamente, precios de las commodities alrededor de los niveles actuales y acceso al crédito internacional a tasas bajas), darían lugar a mejorar la posición competitiva de la Argentina”, aseguró.