Javier Zarzalejos fue uno de los hombres clave de los ocho años de gobierno de José María Aznar, en los que ocupó la Secretaría General de la Presidencia. Doctor en derecho y con una sólida formación política y administrativa fue uno de los tres funcionarios elegidos para iniciar las negociaciones con ETA en Zurich, que años después terminaron con el desarme de la organización terrorista.

De paso por Buenos Aires para asistir a la Convención Azul que reúne a políticos, empresarios y académicos de todo el mundo que defienden el libre mercado, el actual presidente de la fundación Faes -think tank del Partido Popular-, aceptó dialogar con LPO, poco antes de partir rumbo a Ezeiza.

¿Qué opinión tiene del gobierno de Macri?

Al inicio de su gobierno se lo vio con interés, pero también con escepticismo, ya que un programa de reformas en Argentina tiene que ser ambicioso y toca a muchos sectores y por lo tanto debe ser muy bien explicado, con mucha pedadogía y como siempre sucede los costos son inmediatos y los beneficios llegan con el tiempo.

Sabemos que el futuro pasa por una economía mas abierta, más competitiva, por un sector público racionalizado y con las cuentas en orden, porque sino al final paga el ciudadano. El escepticismo inicial por tanto estaba vinculado a las posibilidades reales de Macri de llevar a cabo un proceso de estas características.

¿Ese escepticismo se mantiene?

Creo que el proyecto reformista del presidente Macri ha ido ganando confianza y credibilidad.

En el exterior Macri tiene entre los sectores de centroderecha un gran respaldo, pero aquí esos mismos sectores cuestionan que el déficit continúe rondando los 7 puntos del PBI, y se lo critica por falta de velocidad o decisión en su reducción. De hecho algunos ponen como ejemplo de lo que debería hacerse a Rajoy…

Los gobiernos del Partido Popular en España, tanto Aznar como Rajoy, han tenido que afrontar como prioridad la lucha contra el déficit. En el primer caso fue esencial porque bajar el déficit por debajo del 3 por ciento era una de las condiciones para entrar al euro y cuando entramos al gobierno estaba en el 7 por ciento.

Rajoy cuando asume se encuentra con una situación incluso peor con un déficit del 9 por ciento y encima con una recesión histórica que había provocado una crisis fiscal tremenda.

De manera, que la lucha contra el déficit viene en España desde el año 11 y además no es línea la velocidad, lo lógico es que se mejoren las cuentas públicas a medida que las reformas generen crecimiento y más ingresos fiscales. Por eso creo que es fundamental para corregir el déficit de Argentina que se produzca un proceso de crecimiento que genere ingresos fiscales sin abrumar a la gente con más impuestos.

O sea convalida la visión del gradualismo del Gobierno…

El gradualismo es una variable necesaria y sana, luego está la decisión política de cada gobierno y las circunstancias sociales y económicas del país. Lo importante es que haya un compromiso con la reducción del déficit y un objetivo del que participe la mayor parte de la sociedad, eso es lo que genera confianza.

Nosotros en España en estos años no siempre hemos conseguido anualmente los objetivos de déficit propuestos, pero si fue claro que el gobierno estaba comprometido con su reducción.

¿En cuento dejaron el déficit cuando concluyeron los ocho años de Aznar?

Lo dejamos en equilibrio con un ligero superávit.

¿Si tuviera que mencionar tres medidas claves para alcanzarlo, cuales serían?

Una contención del gasto de la administración, una profunda reforma económica que permitió el crecimiento de la economía en torno al 3 por ciento anual, lo que a su vez nos permitió bajar impuestos y al mismo tiempo cuadrar el déficit público.

¿Qué tipo de reformas concretaron?

De leyes laborales, aunque menos profunda que las que hizo Rajoy; estimulo fiscal a través de baja de impuestos y reducción del sector público, se congeló sueldo de empleados públicos en los dos primeros años, por ejemplo.

España es vista desde Argentina, más aún con Macri, no sólo como la puerta de entrada a Europa sino incluso al mundo ¿Por qué cree que ocurre esto?

Es una relación forjada a lo largo de muchos años y con Aznar y Rajoy hay una clara proximidad de nuestros proyectos políticos. Incluso son amigos personales.

España siempre ha estado muy comprometida con la apertura de las relaciones de la Unión Europea hacia América Latina y estamos discutiendo la conclusión del tratado con el Mercosur.

¿Le parece que ese acuerdo es bueno para la Argentina, aquí hay sectores industriales y agrícolas con fuertes reparos?

Sería una magnífica noticia para Argentina y para Europa. Porque un tratado de asociación con la Unión Europea es algo más que un tratado que fomenta el comercio, significa que ambos bloques se reconocen como socios y entablan un diálogo político estrecho. Será una gran palanca de crecimiento económico y permitirá no sólo intercambio de bienes, sino modelos de gestión, de comercialización, valores y cierto andamiaje de respeto a las normas.

¿Dice que puede ayudar a estabilizar el proceso argentino?

Sin duda. El reconocimiento de Argentina como socio de la Unión Europea es importantísimo para la atracción de inversiones, reputación internacional y marca país. Además, estamos en un momento histórico de la economía mundial, todas las regiones del mundo están creciendo. Estados Unidos que parecía estar en un ciclo maduro sigue creciendo y Europa crece de manera uniforme al 2,5 por ciento. Es un momento muy adecuado para dar este paso de nueva relación comercial.

España es después de años muy duros, uno de los países que más crece de Europa ¿Cómo le impacta el conflicto de Cataluña?

Es una amenaza para la recuperación. El Banco de España calculó que podría tener un impacto sobre el crecimiento que podría estar entre medio y un punto del PBI, en función de cómo evolucione. Cataluña es uno de los grandes motores de la economía española, supone un 20 por ciento del PBI.

Confiemos que este desvarío independentista ya se haya quedado sin recorrido. Esperemos que las próximas elecciones sean el comienzo para zanjar este asunto, que pasa por reconocer que Cataluña es una sociedad plural donde un sector no se puede imponer al otro.

Pero aquí se han dicho mentiras, se dijo que Europa iba a reconocer la independencia de Cataluña, que las empresas no se iban a ir, es decir que se iba a tratar de una independencia low cost y bueno muchos catalanes se han despertado a la realidad.

Por otro lado la crisis está generando un resultado político inesperado, con el gran surgimiento de Ciudadanos, que amenaza incluso la hegemonía del Partido Popular de la centroderecha de España…

Así es, creo que en toda Europa hay un fenómeno de desgaste de los partidos tradicionales. Lo vemos en Francia donde los partidos que fueron el fundamento de la V República han colapsado y surge un movimiento poco estructurado pero con una tremenda fuerza mediática y capacidad inspiradora como Macron.

Pese a esto, en España el panorama es más estable, hace unos años parecía que el ascenso de un populismo de izquierda radical como era Podemos era irresistible e iba a superar al PSOE como ocurrió en Grecia con Syriza y esto no ocurrió y ya lo vemos claramente en regresión.

Como sea, si se confirman las encuestas del triunfo de Ciudadanos en Cataluña la duda es si se replicará a nivel nacional, aunque claramente se trata de una fuerza política en ascenso y espero que en el futuro haya un mejor entendimiento con el Partido Popular.

El pedido de desafuero y detención de Cristina generó un debate sobre la actuación de la justicia, el kirchnerismo denuncia que se la utiliza para perseguir opositores y no hay un real estado de derecho en el país. Al mismo tiempo se abre la pregunta si estaremos ante el final del peronismo como se lo conoció ¿Cómo se ve esta situación desde España?

Cosas que creíamos impensables están ocurriendo, hay nuevas generaciones que se incorporan a la política con un marco mental muy distinto, reticentes al encuadramiento en una estructura partidaria, pero muy interesados en el debate público y esto facilitado por el acceso a las redes y los medios digitales, que generan una nueva forma de participación en la política.

Lo último que haría es opinar sobre el futuro del peronismo y del poder judicial de Argentina, lo que sí creo es que hoy Argentina tiene un gobierno plenamente democrático, con medios de comunicación de todas las orientaciones, que analizan los problemas del derecho y del revés, una condición fundamental para hablar de un sistema democrático. De manera que mientras existan procedimientos con las garantías debidas, no tengo dudas que el sistema argentino sabrá afrontar esta situación que sin dudas es complicada.

El gobierno de Macri tiene sin embargo cierto sabor amargo, porque más allá de los elogios internacionales, las inversiones en la economía real se demoran…

Una de las conclusiones que saqué en estos días hablando con gente que está trabajando directamente en ese ámbito es que el panorama está cambiando. Hay una expectativa positiva e inversores internacionales importantes ya empezaron a venir a la Argentina para ver sobre el terreno las oportunidades. Creo que la situación inversora en la Argentina va a mejorar y lo va a hacer de manera muy rápida si encajan dos o tres piezas importantes, una de las cuales es el tratado Mercosur-Unión Europea, así como se concreten algunas de las reformas planteadas.

Desde el exterior algunos creen que Argentina tiene una oportunidad histórica para revertir décadas de decadencia ¿Cree que es así o se trata de un optimismo exagerado?

Creo que el optimismo siempre tiene que estar bien informado. Argentina tiene una capacidad admirable para sobreponerse a los errores de sus gobernantes y ahora veo un compromiso con un nuevo comienzo, por salir del paradigma en el que se ha movido la economía y la política argentina.

Creo que ya tienen bastante experiencia empírica como para desmentir los supuestos beneficios del proteccionismo, de la endogamia empresarial y administrativa. Un paradigma de extraordinaria decadencia de un país que ya no debe seguir apelando a su potencial, a su riqueza asombrosa, sino a su realidad.