La fantasía que difundió el martes el Gobierno sobre un “nuevo” FMI que le iba a prestar dinero a la Argentina sin sus clásicas exigencias de ajuste y estabilización macroeconómica, duró menos de 24 horas.

El primer contacto que tuvo el ministro Nicolás Dujovne con el staff del organismo en Washington este miércoles alcanzó para desarmar las ilusiones macristas: La Argentina recibirá -si se acuerda- un clásico crédito “Stand by” que impone condicionamientos de política económica y se libera por tramos en base a revisiones trimestrales de técnicos del organismo que constatan su cumplimiento. Una historia muy conocida por los argentinos.

El primer encuentro de Dujovne fue con el argentino-mexicano Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental. Y a las 15 horas se inició el trabajo técnico conjunto entre los equipos de Argentina y los del Fondo.

“Fue una primera reunión introductoria para discutir los próximos pasos en el proceso de negociación. Argentina pedirá un acuerdo financiero “stand by” de alto acceso”, aseguraron fuentes de Hacienda la término del encuentro entre el ministro y el director del FMI.

Las primeras versiones que empezaron a llegar al mercado local de las conversaciones en Washington son alarmantes. Se habla de un recalculo de las proyecciones para Argentina que baja el crecimiento para este año al 1% -el FMI ya lo había bajado al 2% contra el 3,5% que defiende el Gobierno- y ubica la inflación en un piso del 26%.

El tipo de crédito acordado es un viejo conocido de los argentinos: Fija condicionamientos muy claros y libera los fondos en base a revisiones trimestrales por parte de los técnicos del Fondo.
Como anticipó en exclusiva LPO, el Fondo ya habría dejado trascender además su rechazo al programa de PPP, última apuesta del macrismo para tener algo de obra pública este año, luego que anunciara el viernes pasado que la reducirá en al menos 30 mil millones.

En el Gobierno aseguran que las negociaciones se extenderán por 6 semanas, por encima de las primeras previsiones que hablaban de 4 semanas, un plazo bastante largo para transitar en medio de la volatilidad del dólar y con el riesgo país muy alto.

De esta forma, el Fondo dio por tierra la expectativa del equipo económico de que Lagarde no les sume condicionamientos a las medidas económicas ya tomadas por Dujovne y Sturzenegger. Esto solamente era factible con Crédito Línea Flexible (FCL), el tipo de préstamo que el FMI hace a países con una situación macroeconómica sólida y que buscan prevenir los efectos críticos de la volatilidad externa. Como advirtió Goldman Sachs, Argentina no cumple con este criterio por sus grandes desbalances macroeconómicos.

Lo que le sigue en materia de condicionamientos es la Línea de Precaución y Liquidez (LPL), a la cual Argentina tampoco puede acceder. La última opción son los Acuerdos de Derecho de Giro (“Stand by”).

El Gobierno trató de suavizar el golpe anunciando que se trata de un crédito Stand By de “alto acceso”, como si fuera mejor. En rigor es el clásico Stand By, sólo que el directorio puede acelerar la liberación de fondos en caso de urgencia. Es decir, se otorga a países en situaciones muy delicadas.

Estos créditos son el caballito de batalla del FMI fueron la modalidad de asistencia financiera que la Argentina tomó en los años ’90. Además de ser condicionados en cuanto a los objetivos a cumplir en materia de reordenamiento macroeconómico, implican una supervisión trimestral de la evolución de las estadísticas. Por ser escalonados, los desembolsos solo se concretan para las partidas que el Fondo respalde y habiendo alcanzados los objetivos intermedios previos.

‘Los acuerdos Stand-By pueden usarse para fines precautorios, es decir, el país puede optar por no girar los montos aprobados, y retener la opción de hacerlo más adelante’, destaca el FMI.
“En general, tienen una duración de 12 a 24 meses, y el reembolso debe efectuarse en un plazo de 3¼ a 5 años. Los acuerdos Stand-By pueden usarse para fines precautorios, es decir, el país puede optar por no girar los montos aprobados, y retener la opción de hacerlo más adelante si las condiciones se deterioran. Los acuerdos Stand-By tienen un escalonamiento de giros más flexible y, según corresponda, pueden brindar un acceso concentrado al principio del programa”, detalla el Fondo.

Hasta ayer, el equipo de Dujovne insistía en que no había necesidad de ese dinero -cuyo monto sigue sin especificarse-, y que se trataba de una medida precautoria. Con la metáfora del dinero “en la vitrina”, señalaban que se trataría de espaldas financieras que podrían usarse para reforzar las reservas internacionales en caso de ser necesario o bien para fondear el programa de gradualismo fiscal sin sumarle más presión al sector privado en el mercado internacional (crowding out).

Mañana por la tarde, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde -que recién hoy llegó a Washington-, recibirá al ministro Dujovne. Por la mañana se encontrará con David Malpass, subsecretario de asuntos internacionales del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.