Tras la victoria conseguida por la mínima diferencia en su casa, San Pablo viajó a Belo Horizonte para enfrentar al Atlético Mineiro, otro de los candidatos a ganar la Copa Libertadores que se convirtió en el verdugo de Racing en los octavos de final.

Tal vez haya sido uno de los espectáculos más entretenidos del torneo. El ritmo con el que se inició el pleito sorprendió a todos los espectadores que colmaron el estadio Raimundo Sampaio. A los seis minutos, una combinación entre Lucas Pratto y Carlos, junto con dos errores consecutivos de Dénis, le permitió a Juan Cazares abrir el marcador.

Los festejos se mezclaron con la segunda conquista, dado que un centro de Douglas Santos le dio la posibilidad al virtuoso delantero surgido de las inferiores estirar la diferencia. Con el prematuro 2 a 0 la fiesta parecía perfecta.

Sin embargo, un córner aislado ejecutado por Kevin cambió la alegría por temor. Una mala salida de Víctor y un anticipo perfecto de Maicon establecieron el descuento que hizo soñar al combinado de Edgardo Bauza. El tanto de visitante tenía una gran importancia para los dirigidos por el Patón.

En el complemento los protagonistas mermaron su intensidad y el juego se estableció lejos de los arcos, hecho que favoreció a la visita. Los desesperados intentos del Atlético Mineiro no fueron suficientes para quebrar las dos líneas de cuatro que plantó el entrenador argentino. Además, la expulsión de Leonardo Silva terminó con las esperanzas del dueño de casa.

El San Pablo se transformó en el primer equipo en avanzar a las semifinales. El histórico equipo brasileño mantiene el sueño de levantar por cuarta vez el trofeo más codiciado del continente. La categoría de sus jugadores y la experiencia de su director técnico son argumentos que alimentan su ilusión.