Las vueltas de la vida suelen ser impredecibles, en muchos casos. Y un claro ejemplo de ello es cómo le cambió el escenario por completo a Roberto Acuña. El pívot, de unos 2.08 metros, hoy vive una especie de cuento de hadas, al estar a unos simples días de poder representar a su país en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

“Salía a las 7 de la mañana para ir a la escuela. Después me iba para el campo para darle una mano a mí papá, porque tenía criadero de conejos y pollo. Cuando había que carnear, tenía que salir temprano para el club porque desde el campo había 8 kilómetros. Pero antes, yo tenía que repartir los conejos o los pollos. Si bien llegaba 5 ó 10 minutos tarde, todos sabían qué es lo que hacía antes de ir a la práctica. Tenía que ayudar en mi casa. Además, mi mamá tenía una despensa y los fines de semana, salía a hacer los mandados, aunque también lo hacía en la semana. No importaba la lluvia ni nada, porque había que trabajar”, así comenzó su relato el basquetbolista, dejando bien en claro que el esfuerzo es una palabra que conoce muy bien.

Y tanto trabajo dio sus frutos. Sus inicios fueron en Atlético Rafaela y San Isidro de San Francisco, Córdoba. Luego comenzó su carrera hacia el profesionalismo, arribando en la Universidad Nacional del Chaco Austral de Saénz Peña (UNCAus), equipo que militaba en el Torneo Federal y que no tenía estadio propio.

El punto de inflexión se dio con la camiseta de Ciclista de Junín, entidad con la que consiguió el ascenso en la temporada 2013/2014 a la Liga Nacional a los 23 años. Tras un año, Sergio Hernández le vio potencial, y tras verlo como sparring en el combinado nacional, firmó con Peñarol. Figurar bajo la tutela del Oveja, y de otros buenos jugadores, lo potenció y le hizo ganarse un lugar dentro del combinado nacional.

“No entraba en mi cabeza esto. Me citaron para el Sudamericano y para la Copa Stankovic, y ya era algo increíble. Creía que terminaba ahí mi proceso con la selección. Lo que pasó después no lo esperaba. No lo creía posible”, sostuvo Acuña, uno de los albicelestes que irán en búsqueda de una presea en Río de Janeiro.

Al ser consultado por La Nación, por lo que pasa por su cabeza al entrenar junto a Manu Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni y Carlos Delfino, esbozó: “Los miraba y sentía que no era verdad que estaba con ellos. Yo los veía por la TV y no pensaba que era posible compartir equipo con ellos. Cuando pasan los días es como que vas cayendo y te das cuenta lo grandes que son como personas. Me hicieron sentir muy bien y eso ayuda mucho”.

“Ya cumplí mi sueño: voy a los Juego Olímpico y con la Generación Dorada. ¿Qué más puede pedir? Bueno, no, uno es ambicioso; así que quiero ir por más. Espero hacer un buen papel en Río, y en los minutos que me toquen entrar espero poder ayudar al equipo. Y los que no entre voy a alentar a mis compañeros desde el banco. Todos queremos clasificarnos, sabemos que estamos en una zona jodida, pero vamos por ese objetivo”, cerró Acuña.