-Ferrabás, ya hablé con De Filipo y con Camargo. En la fecha próxima pierde Abasto, por dos a uno. Hay juego recio, pero no vaya a recaer, acuérdese bien, en el pase de Musante a Renovales, que la gente sabe de memoria. Yo quiero imaginación, imaginación. ¿Comprendido? Ya puede retirarse.

Junté fuerzas para aventurar la pregunta: ¿Debo deducir que el score se digita? Savastano, literalmente, me revolcó en el polvo.

-No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman.

(Estracto del cuento Esse est percipi, 1967)

Pasaron casi 50 años desde que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares escribieron Ser es ser percibido, uno de los cuentos de Crónicas de Bustos Domecq que le quita al fútbol su inocencia (si es que tuvo, si es que tiene) y cuenta cómo el gobierno intenta, en convenio con los medios de comunicación, que el público crea en los partidos que televisa. Una especie de primera mirada sobre cómo los medios y las empresas necesitan de algo más que lo meramente deportivo que ofrece el fútbol (los jugadores), para hacer del espectáculo un negocio.

En su nuevo libro Fútbol: El Juego Infinito, Jorge Valdano retoma aquello y explica al deporte de estos días como “símbolo de la globalización y negocio planetario, que explota la emoción, que necesita de héroes, y al que ya no le alcanzan los resultados para sobrevivir”.

En una entrevista con Infobae, el ex delantero de la Selección, campeón del mundo en México 1986, se refirió a este y otros temas, entre los cuales dedicó especial interés en referirse al estado actual del fútbol argentino.

• Escribí otro libro porque tenía para decir cosas nuevas del fútbol y contarlo desde el punto de vista de la emoción, de la identidad, de los héroes, de los nuevos héroes y del negocio.

Creo que la pasión se ha convertido en un negocio pero no se ha mudado. El fútbol sigue teniendo una fuerza a veces difícil de explicar. Es difícil explicar cómo la gente sigue adhiriendo a un club que pertenece a un chino y que juega con 11 extranjeros, y sin embargo la fuerza del escudo sigue movilizando gente, sigue movilizando emociones, creo que el negocio efectivamente está imponiendo algunas de sus leyes. No me da miedo ninguna de esas leyes, excepto aquellas que convierten al negocio en corrupción.

• Hay algunas visiones nuevas. Por ejemplo, al hincha parece interesarle más la novedad que la tradición. Ahora los héroes hay que renovarlos, da la sensación de que el hincha se cansa rápido y que quiere caras nuevas, este es uno de los elementos del nuevo fútbol; de hecho los héroes duraderos parece que están en peligro de extinción.

• Los nuevos héroes tiene que tener tantos elementos futbolísticos como de márketing. Es decir, tiene que estar preparados para ir a cabecear un córner al segundo palo como para viajar a recoger el Balón de Oro con el peluquero particular en el avión privado. Son jugadores que se han convertido en héroes planetarios, son modelos publicitarios pero también son modelos sociales, o sea, cualquier cosa que diga un héroe del fútbol tiene un poder mayor que el que tiene su maestro o que el que tiene el político de turno.

El fútbol hoy es las dos cosas (deporte y negocio), una pasión popular convertida en industria y eso no nos debe dar miedo, lo que nos debe dar miedo es la corrupción, no el negocio.

• Hemos dejado de considerar el fútbol como un deporte, como un juego, lo tenemos como una obsesión y además se ha entronizado el resultado por encima de los recursos que se emplean para alcanzar ese resultado.

Messi

• Hay algunos jugadores como él que sienten un compromiso tan grande por resolver por sí solo todos los problemas que en lugar de jugar al fútbol quiere ganar el partido, y este es un juego al que hay que respetarle los tiempos y algunos principios básicos que él conoce mejor que nadie porque es, insisto, un genio y los genios tiene una capacidad de síntesis que no tenemos ni los jugadores normales, ni los que analizamos el fútbol.

• En Messi hay algo mucho más grande que la ansiedad y es el compromiso con su país, con su Selección. Nos olvidamos que pudo elegir entre jugar en la Selección española, con sus compañeros del Barça y seguramente con muchas más posibilidades de levantar copas que con nuestra selección y sin embargo se dejó llevar por su sentimiento.

El fútbol argentino

• No hay una estructura organizativa, hemos llegado ya a la singularidad de que a los entrenadores no los echan, sino que se van, los grandes jugadores, como Messi, tampoco se los despide, dicen que se van, o sea que algo se debe estar haciendo muy mal, ¿no?

• De hecho, si llamamos a las actuales autoridades de la AFA como Comisión Normalizadora es porque venimos de un periodo totalmente anormal. Esperemos regresar, aunque tengo mis serias dudas… yo creo que aquellos que han provocado esto, difícilmente nos saquen de esto, y yo no veo caras nuevas en el fútbol argentino.

Desinterés

• He tenido contactos en algún momento con algunos de los personajes que han sido candidatos a presidir el fútbol argentino, contactos informales que no llegaron a ningún lugar (ndr: para trabajar como consejero o en algún cargo directivo).

• Pero además creo que en la cola hay bastante gente antes que yo. Hay tipos como Menotti que son referencias mundiales, si no que se lo pregunten a Sacchi y a Guardiola que son los dos últimos revolucionarios del fútbol mundial que tienen a Menotti como un referente ideológico, ¿no? O Marcelo Bielsa, hay muchos personajes que tienen idea, que tienen seguramente soluciones para los problemas del fútbol actual, dudo de que tengan opinión ante esta situación o de que se les haya pedido opinión.

Raíces olvidadas

• En Argentina y en Brasil hemos abandonado el amor a la pelota y eso me parece que ha generado una crisis formativa. Anteponemos el coraje, el tamaño del físico de un jugador, la táctica, antes que el amor a la pelota que debiera ser lo primero, por eso queremos tanto a Maradona, porque hacía lo que le daba la gana con la pelota, ha surgido nuestra admiración, casi nuestra santificación a un jugador como Diego.

Los del ’86

• Somos un grupo muy realista, sabemos que éramos ganadores, que supimos hacer las cosas, que supimos ser conscientes de la responsabilidad que teníamos en ese momento, con aquellas famosas reuniones que fortalecieron al grupo y que de alguna manera nos ayudaron a alcanzar el campeonato, pero también sabemos que para ser campeones hay que tener un punto de suerte que nosotros lo tuvimos y que las nuevas generaciones no lo han tenido.

• Aquel fue un grupo de jugadores que supo jugar, que supo ganar, pero que aun sabe pensar, o sea que no nos endiosamos por haber ganado un Mundial, seguimos siendo gente que pisa la tierra.

• Aquello fue una gesta. Un grupo que llegó muy dividido, muy quebrado, con muy poca confianza en sus posibilidades, que se fue fortaleciendo en el camino y llegó a la final sin ninguna duda de que la iba a ganar. En eso consiste la gesta: fuimos un grupo de gente normal a la que le ocurrió algo anormal, quizás el único que empezó y terminó anormal se llamaba Maradona porque estamos hablando de un genio planetario, quizás el primer gran héroe de la historia del fútbol.

¿Nostalgia, decepción o esperanza por la Argentina de hoy?

• Le voy a escapar a la pregunta porque no quiero entrar en temas políticos en un momento además en donde la famosa grieta divide al país en dos grupos que parecen irreconciliables, pero te contesto la pregunta: sí, estoy muy interesado en lo que pasa en la Argentina y estoy muy conectado con lo que pasa en la Argentina. Lo permite la tecnología, yo llegué a España hace 40 años y veía como un acontecimiento leer un periódico argentino de 15 días atrás; ahora leo un periódico argentino antes que los argentinos por la diferencia horaria y esa es una facilidad y un privilegio que aprovecho ya que estoy muy interesado y muy actualizado y lógicamente me interesa mucho lo que pasa en mi país.

-Presidente, usted me mete miedo -mascullé, sin respetar la vía jerárquica-. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

-Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repatingado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

-¿Y si se rompe la ilusión? -dije con un hilo de voz.

-Qué se va a romper -me tranquilizó.