Pasó poco más de un mes desde que se cumplió el día más feliz de su vida deportiva y, a la vez, de lo que ya es un hito en la historia de nuestro país. La locura y euforia que generó el oro dieron paso a otra etapa. Ahora, para Paula Pareto es tiempo de ser agasajada y reconocida. Y también de aprovechar el momento mediático y cosechar todo lo sembrado durante diez años en la elite mundial del judo.

Por eso dedica estos días a grabar comerciales y viajar por el país para asistir a eventos, clínicas y charlas. “No es que me cambió la vida, porque sigo siendo la misma de siempre. Sí noto una mayor popularidad: más gente se me acerca, quiere felicitarme o sacarse fotos; y recibo más pedidos de autógrafos o invitaciones. Por suerte ya me pasaba antes y no es que fue un cambio tan brusco. Puedo disfrutarlo y trato de hacerme tiempo para todo”, explica la vigente campeona mundial y olímpica de su categoría (-48 kilos).

Fueron días gloriosos para la Peque. “Todo me sorprendió. Desde ganar el oro hasta todo lo que pasó después. Yo sabía que el oro era una posibilidad, pero también que había muchas otras, incluyendo no ganar medalla. En mi emoción, luego de la conquista, se ve claramente mi sorpresa. La verdad es que ni un sueño hubiese sido tan perfecto”, revela.

El aluvión ya pasó, pero cómo no recordar aquellas locas primeras horas tras la hazaña… “no sabía ni donde estaba parada. Recibí muchísimos mensajes, llamados, mails y comentarios en las redes sociales. Traté de leer y contestarlos a todos, pero fue imposible. ¡Eran miles! Cuando subí una foto en Instagram y vi que tenía 80.000 me gusta, dije uuuy, ésto pegó fuerte, porque a lo máximo que había llegado antes había sido a 1000. También me llegó una sorprendente cantidad de invitaciones para viajes, estadías, agasajos y reconocimiento, de acá y de afuera del país. ¡Y sin pedirme nada a cambio! Este tipo de revoluciones son cosas a los que los deportistas olímpicos no estamos acostumbrados”, cuenta Pareto.

Lo más loco para la de San Fernando es ver la fiebre por el judo que, por ella, se ha despertado en el país, como pasó alguna vez en otras disciplinas como con Vilas, Ginóbili o Crismanich. “Es impactante y sorprendente escuchar que los profes cuenten que por mí hay cada día más chicos haciendo judo o que hay más chicas que chicos practicando mi deporte. O lo mismo que escuchar a amigas que me dicen que sus sobrinitos piden ir a judo. Es muy raro y, a la vez, muy lindo. Pero no me creo una heroína. Hubo muchos referentes previos que ayudaron al judo y yo sólo estoy aportando mi granito de arena”, se sincera quien hace días estuvo en Córdoba para asistir a una clínica.

A pesar de seguir compitiendo “con la misma mentalidad” porque sigue con hambre de gloria, en estos meses que vienen se dedicará a cumplir otros objetivos. Uno de ellos es la residencia de medicina. Recibida de médica en 2015, postergó ese requisito ineludible por la cita olímpica en Río de Janeiro y ahora quiere empezar lo antes posible con la especialidad elegida: traumatología. “Estoy buscando en distintos hospitales, pero aún no tengo nada concreto. No es fácil porque las residencias y concurrencias comenzaron en mayo. Ojalá aparezca algo, no quiero perder tiempo”, explica.

La otra veta que Pareto pretende desarrollar es la de ayuda social. Con su corazón gigante la Peque sigue colaborando hace rato con su sponsor, Weber Saint Gobain. Con el programa La Huella colaboró primero con el club Victoriano Arenas y ahora eligió un comedor que está cerca de su casa de San Fernando. “La gente de Pacheco hace todo a pulmón y en breve espero poder ir a visitar el lugar y ver bien qué necesitan. Weber aportará los materiales y la mano de obra. La empresa me ayuda a ayudar y eso lo valoro mucho porque a mí me encanta tomarme un tiempo para eso. Como ir al Garraham, donde ya me invitaron… ayudar me hace sentir muy bien, la parte social me encanta”, dice, comprometida. Naturalmente, Pareto es de oro adentro y afuera del tatami.