Con 45 minutos de colección, cualquiera se puede animar. Más, si el equipo es River, que ahora está a ocho puntos de Boca, el líder. Lejos, es cierto. Pero el pequeño gran bajón xeneize provoca el entusiasmo de muchos, hasta de los que no tenían interés en el torneo local. Como el equipo millonario, que perdía 1-0 contra Lanús, en el Sur, y en la segunda etapa, dio cátedra.

La prioridad es la Copa Libertadores, está claro. Pero el torneo local, desde anoche, tiene otro sabor. Con una muy buena tarea de Pity Martínez, el talento intermitente. Cuando se serena, es vital, indispensable en el triunfo por 3 a 1.

Mucho antes, cuando Lanús encuentra su mejor versión, es una forma de disfrutar del mejor fútbol. Salida por abajo, pases por sorpresa, desequilibrio por las bandas, ataques en continuado. El equipo granate exhibió sus principales fortalezas, pero no tuvo claridad en los metros finales. Hasta que en una acción confusa, rodeada de rebotes, Sand, una suerte de verdugo moderno de River, abrió el marcador. Pepe, que surgió en el equipo millonario, suele gritar los goles con mayor efusividad contra el club que lo marcó a fuego.

Un tiro de Pity Martínez, que chocó contra el travesaño, fue una luz en la oscuridad para un equipo que se sentía incómodo. Como si conservara su mejor traje para las galas coperas. Sin embargo, los avances de Martínez sobre el lateral de Velázquez y un descuido defensivo granate, le permitió a Ariel Rojas establecer el 1-1, con una mínima posición adelantada, sólo advertida con un ojo milimétrico.

Creció River, se encogió Lanús. Siempre con Martínez, como faro y bandera. Un tiro libre con su clase -discontinua, a veces, consistente, de tanto en tanto-, que rozó en la barrera y complicó a Andrada, definió el triunfo, agigantado por Auzqui. Impensado, días atrás. Y durante el mismo juego, también.

El equipo millonario, más allá del encuentro de anoche, debe pensar en el futuro: en el torneo local y, sobre todo, en la Copa Libertadores. Precisa variantes, necesita alternativas más allá de los nombres de casi siempre. Varias horas antes, River tuvo una doble alegría contra el mismo adversario. En el encuentro de reserva, se impuso por 1 a 0, con una eficaz tarea de Luciano Llolo, una debilidad del Muñeco.

Jugó los 90 minutos sin molestias físicas en la cancha auxiliar del club granate. “Me voy sintiendo mejor. Se dio la posibilidad de hacerlo en reserva y no lo dudé porque lo que necesito es agarrar ritmo para poder estar a disposición del entrenador cuando me necesite”, dijo el zaguero, que estuvo casi un año sin jugar. “Ahora es fácil decir que tendría que haber vuelto a primera como lo hice con Lanús y no apurarme contra Unión, pero las cosas se dieron así”, comentó el defensor, que cuando esté en óptimas condiciones, será titular. Al menos, en el certamen local.

Lollo no jugaba 90 minutos seguidos desde marzo del año pasado, cuando se fracturó el quinto metatarsiano del pie derecho. ¿Qué otras piezas observa Gallardo, que en los últimos tiempos están detrás de escena? Leandro Vega, ex Newell’s, y Tomás Andrade son los nombres salientes. Hubo, además, tres nombres de peso en ese encuentro: Nahuel Gallardo (jugó de lateral izquierdo) y Mauro Burruchaga y Gianluca Simeone, que jugaron unos minutos. El DT necesita que Lollo, Vega y Andrade retomen su mejor versión. River los precisa. Aquí y allá.