MENDOZA.- Después de un imprevisto retraso de tres horas como consecuencia de problemas técnicos con el chárter de la empresa Flyest que lo trajo a esta provincia, Boca pisó suelo mendocino a las 18.52.

Unos minutos después, cerca de 500 hinchas, que aguardaron durante más de cuatro horas a sus ídolos, ovacionaron el ingreso del plantel de la Ribera en la puerta del Arena Maipú, en las afueras de la ciudad, lejos del ruido.

Gritos, trompetas, bombos, banderas y vinchas colorearon la tarde, con el cerro Aconcagua como imponente testigo, Y una canción que viajó los 1050 kilómetros que separan a la Bombonera de Mendoza: “Que mañana, cueste lo que cueste…” Fue un bálsamo que hizo disimular el evidente fastidio del plantel y del cuerpo técnico por el contratiempo con el avión, que alteró todos los planes, incluido el saludo a los hinchas, la firma de autógrafos y las selfies.

Además de los convocados, dos futbolistas muy queridos por el grupo forman parte de la expedición azul y oro. Fernando Gago y Darío Benedetto se pierden este choque por lesión, pero quieren vivir de cerca todo lo que rodea a la gran final.

El plantel, ya instalado, cenó y se recluyó en las habitaciones. Pese al reclamo de los hinchas, que recién comenzaron a despejar la zona pasadas las 21.30, no hubo contacto entre futbolistas y fanáticos.

Los únicos favorecidos fueron los que se hospedaron en el mismo hotel que el plantel xeneize. Una decena de ellos se llevó selfies con Leo Jara, Julio Buffarini y un sonriente y muy distendido Guillermo Barros Schelotto , quien le reconoció a LA NACION que el ánimo del plantel es muy bueno, pese al inconveniente con el avión.

La agenda de este miércoles será sencilla. Habrá una charla prevista para las 12.30 y a las 19.10, dos horas antes del inicio del partido, es el horario estipulado para iniciar el trayecto rumbo al Malvinas Argentinas, en donde Boca buscará hacer historia y levantar una Copa y dar una vuelta olímpica más frente a RIver. Nada más, y nada menos.