En fútbol, está dicho, no existen grandes diferencias de conocimiento teórico entre las estrellas de la dirección técnica y los entrenadores menos destacados. La brecha que convierte a unos en celebridades y a otros en pasajeros de la innominación histórica es el ejercicio del liderazgo.

Para ser líder -sobre todo de grupos donde alternan figuras populares, ídolos y millonarios– se requieren de unas condiciones que comienzan con el conocimiento. Demostrarle al dirigido que el discurso está avalado por la solidez representa el primer examen con el cual el director técnico o líder será admitido o cuestionado por el grupo. Y la otra cuestión será su conducta de alternancia cotidiana, su sociabilidad y su manejo de exposición mediática. Gran error cometerá aquel director técnico que no sepa manejar su protagonismo o se valga de sus estrellas para licuar respuestas.

Si pasa estas pruebas y resulta aceptado es porque por encima de sus formas, su estilo y su verbalización el jugador ha comprobado que quien está al frente hablándole, dándole instrucciones o debatiendo un aspecto cualquiera del juego, sabe. Esto es lo que más le importa al jugador, comprobar que quien está al frente sabe. Y a partir de allí la empatía será más factible entre quien dirige y sus discípulos. Por cierto que ese paso pondrá también a prueba el equilibrio emocional del conductor, su estabilidad de carácter, su fortaleza espiritual y su línea de conducta. O sea que será el comienzo de la formación de un grupo que conforme a los resultados obtenidos ira creciendo, sobreponiéndose o procurando su identidad.

Las diferentes categorías que compiten en todo el Mundo también indican el nivel de sus conductores. De tal manera que cuando se trasciende a una institución para alcanzar una selección nacional, el director técnico elegido ha llegado a la optimización de su objetivo. Es el punto máximo. Un lugar que determinará también destinos futuros pues después de dirigir a un equipo nacional en el marco de un Mundial las perspectivas futuras se tornaran de un exigente status profesional.

Se calcula que a lo largo de la historia más de 75 entrenadores de ese primerísimo nivel han dejado escritas sus experiencias en libros que han sido atesorados por fanáticos, estudiosos, aficionados o protagonistas. El último entrenador campeón del mundo, Joachim Löw no ha aceptado hasta ahora escribir un libro oficial. En cambio lo han hecho desde Walter Winterbotton –primer entrenador de Inglaterra desde 1913 hasta 1946, autor del esquema WM por el dibujo de defensores, volantes y atacantes- hasta Don Vicente Del Bosque con su obra “Ganar y Perder, la fortaleza emocional” (2015), después de haber ganado como jugador del Madrid 5 ligas de España, 4 Copas del Rey y la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 como entrenador. También hallaremos libros de Franz Beckenbauer, Johan Cruyff, Pep Guardiola, José Mourinho, Arrigo Sacchi o Claudio Ranieri entre cientos. Algunos son autobiográficos, otros sobre hechos puntuales (Leicester por Ranieri) y la mayoría sobre experiencias de juego o trayectorias…

La lista es enorme. De nuestro país han dejado valiosos libros Cesar Luis Menotti, Carlos Bilardo (después de ser Campeones del Mundo), también Juan Carlos Lorenzo, Alfredo Di Stéfano, Jorge Valdano –muchos y muy buenos-, Marcelo Bielsa, Diego Simeone y tantos otros.

Por último hay –por suerte– libros de alta calificación literaria sobre fútbol. Solo por mencionar algunos ejemplos “A sol y sombra” de Eduardo Galeano, “Dios es redondo” de Juan Villoro o los cuentos de fútbol en “La vida que pensamos” del talentosísimo Eduardo Sacheri , además de varias decenas escritos por brillantes periodistas deportivos de diferentes épocas.

A pesar de ello, Jorge Sampaoli quien se ha negado este placer de conocimiento y cultura futbolísitica se reconoce lejano a la lectura y a la planificación. Dice que después de leer dos páginas se aburre.

“En este momento siento que me toca dirigir al mejor jugador de la historia. Es todo un tema. Está por encima de las variables normales. Un tipo que se mantuvo diez años como el mejor del mundo te modifica la forma de conducción. Es difícil asumir ese rol cuando tu conducido sabe que es mejor que vos, que ejecuta como nadie. Es una responsabilidad, pero en definitiva es un disfrute. Siento que me toca dirigir al mejor jugador de la historia”.

Aquí Sampaoli nos hace una “revelación insospechada”: “Que Messi es mejor que él… que jugó como volante en el club Alumni de Casilda en 1970 y que por lo tanto resultara difícil la responsabilidad de dirigirlo pues modifica las variables”.

¿Qué variables? ¿Cuál sería una mejor forma de conducción si Messi no estuviese en el plantel? Esto obliga a poner un punto de reflexión. Hagamos una encuesta con los otros 31 directores técnicos que participaran de Rusia 2018 y preguntémosle: ¿para usted es una dificultad conducir a su equipo con Messi en el plantel? La respuesta será unánime a favor de tener una joya de esa magnitud. Más aún, una enorme mayoría diría que tal privilegio resulta el mayor plus que una selección podría tener para un Mundial.

“El fútbol se ha ido modificando y Leo se mantiene como nadie. Su vigencia en el tiempo lo pone por encima de todos. La gran diferencia de Messi con el resto de las estrellas de la historia del fútbol del mundo es el amor por la pelota por encima de cualquier otra cosa. Ese sentimiento por el juego lo hacen muy diferente”.

Este párrafo suena a innecesaria genuflexión. Todos los cracks aman a la pelota. Incluyendo a los compañeros de Lio. No resulta éste el factor distintivo. No es el amar sino aquella destreza con la cual el balón obedece la orden del cerebro de Messi. Virtud alcanzada por muy pocos jugadores a lo largo de la historia.

“Leo sigue priorizando al fútbol por sobre las otras cosas. En el paso del tiempo, es inigualable. Cuando me tocó tenerlo enfrente, fue una preocupación muy grande porque tenía que crearle obstáculos a alguien imparable, que los salta todo el tiempo. Había que buscar estrategias de control sobre él, y sobre el resto. Ahora, trato de disfrutar de tener soluciones con él”.

– Esto no se entiende bien: ¿ Para un conductor resulta preocupante tener enfrente al mejor y hay que crearle obstáculos: ¿Qué tipo de obstáculos?, “había que crearle estrategias de control sobre él, ¿Qué tipo de control sobre él y el resto? Cuánta confusión. A Messi no hay que controlarlo, ni tener estrategias, hay que consensuar algunos aspectos, darle participación y dejarlo en paz.

-Lo más difícil es optimizar al entorno para que no se minimice ante la presencia de un jugador tan importante y determinante. El resto debe lograr compatibilizar con él, y eso no es tan sencillo.

-Es más complicado hacer funcionar a un equipo con jugadores que tienen que entenderse con Messi que idear un plan colectivo con jugadores normales. Cuando uno organiza una estructura donde hay un genio, es más complejo conmover al genio y que el resto no se achique ante su enorme estatura. En ese rasgo, la conducción no puede ser la misma cuando tenés a Messi que cuando no lo tenés.

​-Los jugadores que jugaron, juegan y jugaran con Messi en el Barcelona o en la Selección Nacional son “normales” y tenerlo a él en el campo les da una enorme tranquilidad en todos los aspectos. Saben que jugando con él, son mejores. Leamos: Si Sampaoli aun no ha tomado conocimiento sobre esto, tenemos un grave problema de conducción.

-No me puedo confundir y dejar todo librado a su persona. Al contrario, al estar Messi, la idea es atacar su entorno futbolístico. Es decir, el equipo sin Messi. Sacarle responsabilidades. Hay que buscar a los mejores para luego ponerlos en el dibujo que corresponda. Hay que poner la jerarquía adentro y ubicarla donde mejor funcione. Y Leo tiene que jugar como en su club. Inventarle una posición para meterlo dentro de un sistema o estructurarlo es cometer una locura.

Este párrafo parece coherente sino fuera por que Jorge Sampaoli afirmará más adelante que Messi elegirá a sus socios. O sea por un lado formará un equipo prescindente del genio, pero le derivará al genio que decida con quien jugar. Hay en esta dicotomía un mensaje poco claro. ¿Quién formará el equipo?, ¿Quién determinará el como se jugará?. Lo siguiente está escrito en el libro que Sampaoli (192 paginas) le dictó a un redactor puesto que al no gustar de la lectura, difícilmente podría escribir él mismo sus pensamientos. Leamos: Es lo más importante y gira mucho alrededor de Leo Messi porque en relación a lo que él haga y encuentre, lo mismo que en su club donde tiene más tiempo para desarrollarse, todo va a ser más factible.

El socio de Messi lo va a elegir Messi. Lo va a determinar por él, porque juega siempre. El socio de otro puede ser cualquiera; como él juega, su estilo va a determinar qué es lo que más necesita. No es que lo va a decidir porque dice quiero a tal o cual, esa es la labor del entrenador, ver cuál es el que mejor se comunica con él en diferentes momentos, de ir al espacio, al vacío.

Leamos: Este preocupante mensaje que Sampaoli deja en su libro no está exento de frases estibadas sin más sentido que despertar sentimientos absurdamente identificatorios. Veamos algunas:

-Le ponen un revólver en la cabeza (a Messi) que se llama Copa del Mundo.

-Todos los que llegan a una selección son muy buenos futbolistas. Pero todos son seres humanos diferentes que vienen de lugares distintos y encima, en una selección de tantos jugadores de jerarquía, con valores tan altos en sus clubes, volverlos a traer y hacerles sentir que hay algo más importante que ellos, es un desafío. Acá está la bandera y tenemos que jugar para 40 millones de argentinos.

No es una presión extra, es algo completamente genuino. Jugamos para representar a un país. Lo sentimos así. Somos parte de un país y competimos por el país. No es la obligación de ganar por el país, es la de representar al país. Tenemos que juntarnos para ganar.

-(…) Pero hay que saber diferenciar bien lo importante de lo que importa. Importa ganar, claro, pero es importante cómo se logra. Hay que preguntarse: ¿a quién le importa lo importante? Yo veo que la gente se junta en el éxito y se divide en el fracaso. Debería ser al revés. En un contexto negativo demostrás el grado de pertenencia que tenés a una idea. En la buena vamos todos, nos unimos todos. Deberíamos unirnos mucho más en las malas.

-(…) A los que les toca ser elegidos tienen que disfrutar de ese momento. Nosotros como cuerpo técnico transmitimos el sentir de relacionarnos con la realidad y esto es muy trascendente para nuestra vida. Yo mismo me hice un tatuaje de la bandera cuando fui designado en la selección. Simboliza que me estoy reencontrando con mi país.

Leamos: Sí, cuestan entender algunas expresiones. La mezcla de “competimos por el país, pero no es obligación ganar por el país, sino representar al país y competir por el país; …tenemos que juntarnos para ganar…Importa ganar, claro, pero es importante saber cómo se logra”. Luego Sampaoli afirma de manera poco entendible: “Deberíamos unirnos mucho más en las malas”. Y refiere a que un tatuaje simboliza que se está reencontrando con su país. Todo muy superficial e incoherente. Pero lo más grave será lo que sigue:

-“Yo no planifico nada. Todo surge en mi cabeza cuando tiene que surgir. Brota naturalmente en el momento oportuno. Odio la planificación. Si planifico, me pongo en el lugar de un oficinista. Soy el de Alumni del 91. El fútbol no se estudia; se siente y se vive. Parto desde ahí. Yo soy de la calle; negar eso es imposible. Es raro que me hayan puesto la etiqueta de planificador. No sé a qué obedece”.

-“Tal vez mis charlas suenan a las de un tipo súper estudioso. Nunca fui estudioso. Ni en el colegio, ni en la facultad,(¿que facultad?) ni en el curso de entrenador. Yo no puedo leer un libro; veo dos hojas y ya me aburro. Escribo tres cosas en un papel y me cansé”.

Leamos: O sea, Jorge Sampaoli, el Director Técnico de la Selección Nacional de Fútbol nos confiesa en su oportunista obra Mis latidos, que por tratarse de un genio le resulta difícil estar frente a Messi, “más dueño de la Selección que él”, que no lee, que no planifica y que no estudia.

Como se advierte, éste libro incrementa las dudas respecto de la decisión de la AFA de incorporar a través del más cuantioso contrato de la historia a un Director Técnico que parece atravesar un periodo de confusión y dudas justo en el momento en que se requiere de mas claridad, convicción y firmeza que nunca ante la inminencia de las decisiones a tomar.

Esta preocupación converge con la conducción de una AFA caótica en la cual se designa al árbitro Mauro Vigliano para dirigir a Boca-Talleres y un simple llamado telefónico lo transforma mágicamente en Federico Beligoy. U otro llamado quita de un plumazo 10 fechas de sanción a Riestra en un Tribunal de Apelaciones que terminó en el TAS.. Entre tantas decisiones unilaterales, paralelas o divergentes, idas y vueltas, ordenes y decretos, lealtades y conspiraciones, el Mundial de Rusia dejará héroes o villanos. Y deberán hacerse cargo, caballeros…