El camino del seleccionado argentino por este campeonato mundial de Rusia se encontró con una curva muy cerrada antes de lo imaginado, ya que apenas en su segunda presentación en el Grupo D que tendrá lugar hoy ante el líder Croacia, en Nizhni Nóvgorod, ya no tiene margen para otra cuestión que ganar, porque cualquier otro resultado pondrá en serio riesgo su chance de clasificarse a los octavos de final.

El empate ante Islandia en el partido inaugural le complicó la vida al equipo argentino prematuramente, con el valor agregado de que los croatas se impusieron con solidez a Nigeria demostrando un gran crecimiento futbolístico, algo muy inoportuno para este flojo presente de los dirigidos por Jorge Sampaoli.

Si Croacia era el rival a vencer antes del Mundial para quedarse con el primer lugar de la zona, ahora esa impresión se potencia mucho más, ya que no solamente Argentina necesita superarlo para acercarse a ese objetivo, sino que debe hacerlo directamente para sostener sus chances de clasificarse a octavos.

El impacto que causó el 1-1 con Islandia fue tal que Sampaoli revolucionó todo en el equipo desde entonces, cambiando sistema y jugadores, la mayoría de ellos referentes de esta generación que encabeza Messi, lo que ya provocó que empezaran a quedar heridos por el camino.

De los tres históricos que dejarán la titularidad respecto del primer encuentro, los que manifestaron estar molestos a través de las redes sociales fueron Ángel Di María y Marcos Rojo, mientras que Lucas Biglia hizo “mutis por el foro”. De cualquier manera fueron de lo más flojo de Argentina en el debut.

Pero más allá de estos nombres, lo que modificó de raíz el entrenador fue el sistema de juego, mutando de un 4-4-2 inicial a un 3-4-3 más afín a sus convicciones futbolísticas, esas que había dejado de lado en los últimos encuentros para tener “conforme” al núcleo duro del plantel que “exigía” jugar con línea de cuatro en el fondo.

“Los sistemas solamente sirven para defender, porque cuando el equipo ataca sus líneas se descomponen”, puntualizó Sampaoli en Buenos Aires, a la hora de explicar que esquema de juego tenía previsto utilizar en esta Copa del Mundo.

E inclusive llegó a reiterar que su sistema “soñado” es el 2-3-3-2, ya utilizado en el amistoso con Singapur y ahora con Islandia, aunque con resultados diversos, ya que esa formación terminó siendo un 4-4-2 que no terminó conformando ni por asomo las expectativas creadas a partir de la aparente inferioridad del rival.

Por eso esta semana el “Zurdo de Casilda” pateó el tablero y ante el “forzado” visto bueno de los jugadores, que esta vez le dejaron hacer y deshacer sin comentarios, volvió por sus fueros dispuesto al “todo o nada”, con esa línea de tres con la que llegó a la Selección haciendo “pata ancha” desde Sevilla.

Y tan ensimismado estuvo el técnico en su idea que el lunes practicó solamente con los 13 probables titulares, el martes con 12 y ayer a la mañana nuevamente con la misma cantidad, manejando una duda por el sector derecho de la media cancha, que contará con la novedad del probable ingreso de Enzo Pérez, raleado inicialmente de la lista de 23, o Maximiliano Meza. O quizás se incline por los dos y finalmente deje afuera a Cristian Pavón, reconvirtiendo el esquema en un 3-5-2, por momentos con Meza flotando en el medio para apoyar a Messi.

La idea de Sampaoli es disputarle la posesión del balón a Croacia, que es su mejor arma de juego, ocupando todo el ancho de la cancha para intentar después profundizar por los costados, pero sin cometer errores en el retroceso como el otro día.

Los croatas se apoyan en el mediocampista central de Real Madrid Luka Modric, señalado hoy por su entrenador, Zlatko Dalic como “el mejor jugador de la historia del país”, para hacer circular el balón en la media cancha junto al compañero de Messi en Barcelona, Ivan Rakitic, a quienes se suma Ivan Perisic como un enlace que alimenta el apetito goleador de Mario Mandzukic, de la Juventus, y al que bien conocen los hoy suplentes Gonzalo Higuaín y Paulo Dybala.

De todos ellos deberá cuidarse Argentina, pero fundamentalmente de sí misma, para no caer en los mismos desaciertos que ante los islandeses, ya que si bien los dos equipos son distintos, las fallas contra los croatas seguramente se pagarán más caras, y el costo de una derrota puede derivar en una eliminación también inimaginada, pero para nada imposible, en primera ronda.

La historia dice que argentinos y croatas se enfrentaron en cuatro ocasiones, con dos victorias albicelestes (una en el Mundial de Francia ’98) y una albirroja, mientras que el restante cotejo finalizó empatado.

El árbitro del encuentro, el uzbeko Ravsham Irmatov, no le trae buenos recuerdos a Argentina, ya que en el Mundial de Sudáfrica 2010 (va por el tercero) fue quien controló el encuentro de cuartos de final en el que Alemania eliminó al equipo dirigido por Diego Maradona al vencerlo por 4 a 0. La instancia es ahora otra pero también crucial, y el seleccionado de Messi que dirige Sampaoli quiere que la historia se escriba con tinta celeste y blanca.