Marcos Peña le sugirió a Mauricio Macri que adopte una estrategia discursiva de dos caras: una suave dirigida a la sociedad y otra dura destinada al poder.

La comunicación “new age” del presidente emuló en gran medida el camino trazado por el demócrata Barack Obama desde que ganó las elecciones de Estados Unidos en 2008. Esta estrategia se basa en la interlocución directa con la gente a través de las redes sociales en las que Macri, tal como hiciera Obama, les muestra a los ciudadanos su costado humano y cotidiano.

Es en ese marco que surgen las fotos junto al perrito Balcarce, tal como Obama hizo con Bo, el perro de la familia presidencial norteamericana; o con las fotos de Juliana Awada trabajando la huerta, un calco de las fotos de la primera dama estadounidense, Michelle Obama.

Las fotos con su hija Antonia en el despacho presidencial tampoco son una novedad: el propio Obama se sacó fotos con sus hijas Sasha y Malia o con otros niños en el Salón Oval de la Casa Blanca.

Incluso en los actos de campaña de Macri la disposición del escenario fue al estilo town hall meeting que patentó el también demócrata Bill Clinton en su campaña presidencial de 1996 y que consiste en que el candidato hable en el centro del estadio dirigiéndose al público en 360º.

La otra cara

Al mismo tiempo que envía un mensaje de paz y amor a la sociedad principalmente a través de Facebook, Twitter e Instagram, Peña le sugirió al presidente que el tono con el poder debe ser inversamente proporcional.

El jefe de gabinete, el consejero más importante de Macri, le sugirió que debía mostrarse implacable con el poder. Es en esa lógica que aparecen los gestos duros hacia el Congreso, como la designación de jueces de la Corte Suprema por decreto.

Incluso Macri se ha demostrado despiadado con sus propios funcionarios, como cuando decretó la emergencia en Seguridad sin consultar a Patricia Bullrich o desató una guerra por la coparticipación con los gobernadores que venía recibiendo Rogelio Frigerio.

La analista Celia Kleiman, de la consultora Polldata, aseguró a LPO que “el PRO ha tomado muchísimo de Obama”, partiendo de la base de que los conceptos principales del norteamericano en su campaña fueron “hope” (esperanza) y “change” (cambio), y el slogan “Yes, we can” (Sí, podemos), que el macrismo transformó en “Sí, se puede”.

Según Kleiman, este tipo de discurso que Macri utilizó para llegar a la presidencia tiene una suerte de fecha de vencimiento. Según la politóloga, “hay tiempos” para este tipo de comunicación que se agotan y requieren un “nivel de seriedad más alto”.

“Macri ya se ubicó, ya demostró que habla con el ascensorista de la Casa Rosada”, señaló Kleiman, que advirtió que más allá de la comunicación hay “básicamente un problema de expertise político”, en especial con la relación con el PJ.

La analista advirtió que si bien hay un cambio en el discurso con respecto al kirchnerismo en cuanto a la capacidad de reconocer errores y dar marcha atrás con algunas medidas, esa estrategia corre el riesgo de comunicar que el Gobierno se está equivocando bastante en muy poco tiempo.

Fuente: La Politica Online