Rogelio Frigerio y Emilio Monzó consiguieron que Mauricio Macri los habilitara a buscar una salida consensuada a la polémica por la ley antidespidos, con el objetivo de evitar la incómoda tarea de vetarla, como el presidente repite que hará ni bien comenzó el debate parlamentario.

Esa actitud rupturista del presidente, tal como relató LPO, frenó una negociación en el Senado que había iniciado el radical Alfredo Martínez, un histórico de la Comisión de Trabajo y Previsión Social.

El resultado no pudo ser peor: la ley fue aprobada con dos tercios en el Senado y alimentó la multitudinaria marcha sindical del viernes, donde una de las consignas para enfrentar al Gobierno fue ponerle un freno a los despidos.

Frigerio y Monzó, quien suele acompañarlo a las reuniones de Gabinete, propusieron consensuar un proyecto para evitar un veto presidencial que erosione la relación con los gremios y sea una marca registrada para la próxima campaña electoral.

“El escenario no podía ser peor: si no se hacía algo el proyecto pasaba como por un tubo y el kirchnerismo quedaría como la fuerza salvadora”, repetían cerca del ministro del Interior y del presidente de la Cámara de Diputados.

Para evitarlo, el primer paso es hacerlo retornar al Senado y sacarle al FpV el derecho de autor. Confían en la ayuda de Massa. “Si sale el proyecto del Senado él no gana nada políticamente. No se lleva ningún laurel. Si sale algo mejor lo puede capitalizar”, sostienen.

El tigrense coincide en el análisis pero aún negocia con sus diputados sindicales, temeroso de romper relaciones con los líderes gremiales.

El menos interesado en esta historia es Marcos Peña. Reacio a las negociaciones políticas, el jefe de Gabinete deja trascender un supuesto ninguneo de Macri a la negociación parlamentaria y su decisión, inalterable, de vetar cualquier cosa que salga del Congreso.

Aunque detesta los entuertos parlamentarios, Macri sí está atento a la terminología de las leyes, temeroso de que puedan ahuyentar las inversiones tan deseadas.

Por eso uno de los límites de la negociación es que la ley no diga “prohibición de despidos por 6 meses”, como plantea en su artículo 1 el proyecto del Senado.

Con esa orden, Monzó y su ladero Nicolás Massot, jefe del bloque PRO, promueven una “acuerdo por el empleo”, o sea, una ley de promoción y no de prohibición. Aun están buscando eco.

El seguro punto de consenso con Massa son las Pymes, que reclaman ser excluidas de cualquier restricción. De mínima, Cambiemos puede lograr que los renovadores agreguen beneficios y el proyecto, al menos por ese retoque, regrese al Senado.

Fue la propuesta que deslizó anoche Graciela Camaño en una tensa reunión de bloque. Pero Héctor Daher y Facundo Moyano siguen sin convencerse.

La negociación es tan fina que hasta se estudian rebusques reglamentarios. Por ejemplo, si Macri sólo quiere excluir un artículo de la ley, podría promulgarla parcialmente y no necesariamente vetarla.

Confiado, Frigerio comenzó a trabajar para un hipotético debate en el Senado, con llamados a gobernadores y senadores que no tienen patrón y fueron desatendidos en la anterior sesión, sobre todo cuando Macri les anticipó por televisión que vetaría cualquier ley.

Otro tema que preocupa en la mesa política del PRO es el Senado, donde nadie mueve las fichas para frenar leyes complicadas, una tarea nada fácil, porque el Frente para la Victoria conserva mayoría propia.

Gabriela Michetti debió pagar el costo de ver pasar un tema tan álgido delante de sus narices: por orden de Macri congeló una semana el expediente e impidió la sesión especial que el FpV-PJ quería hacer este jueves. Héctor Recalde la denunció.

Fuente: La Politica Online