Los festejos por el 25 de Mayo evidenciaron el pánico del Gobierno nacional a exponer a Mauricio Macri a cualquier contacto con la gente, a quien otra vez se lo vio aislado en una Plaza de Mayo militarizada, como antes había ocurrido el 24 de marzo en el Parque de la Memoria y el 2 de abril en la Plaza San Martín.

La imagen que dejó ayer la Plaza de Mayo fue contundente. Apenas un pequeño grupo de allegados y funcionarios pudo acercarse a un corralito ubicado frente a la Catedral, mientras cientos de efectivos de las fuerzas federales cerraban todo el cerco de la plaza. La excusa, un acampe de cooperativistas que dependen del Gobierno porteño y reclaman un aumento. La misma que se usó para suspender el locro en la Casa Rosada y mudarlo en la Quinta de Olivos, también cerrada para invitados VIP.

LPO había revelado el mes pasado la decisión del equipo más cercano a Macri de evitar el contacto directo con la gente en actos públicos. Es preferible mostrar al Presidente en soledad que arriesgarse a sufrir en directo una protesta o un escrache, razonaban sus colaboradores. Ayer, la rigurosidad fue similar a la hípercustodiada visita de Barack Obama.


El celo del Gobierno es tal que llevó a Patricia Bullrich a cometer un nuevo papelón. A primera hora del día, la ministra de Seguridad informó que habían detenido seis personas con bombas molotov y conjeturó que “iban a la Plaza de Mayo”. “Sabemos que estamos en un momento en el que todos los días hay una provocación”, se indignó, y agregó que “se quiere generar una situación de descontrol en la calle”.

Pero horas después la terminaron desmintiendo la propia Policía Federal -que capturó a los supuestos provocadores- y el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño. Esa cartera informó que los sospechosos fueron detenidos cuando “intentaban incendiar” un auto, por lo que se presume que se trata de un grupo de “quemacoches” o personas ligadas a taxistas que rechazan la aplicación Uber, ya que tenían un mensaje intimidatorio que podría vincularse a esa disputa.

La preocupación del Gobierno argentino por las protestas llamó la atención de los medios extranjeros, que se hicieron eco de la triste imagen de la Plaza de Mayo vacía. Incluso, el diario El País de España destacó en la portada de su edición latinoamericana que la plaza “amaneció totalmente vallada y bajo un importante despliegue militar”. “Estas imágenes de tensión y descontento contrastan con la visión que el Ejecutivo quiere trasladar de cara al exterior”, agrega.

Episodios que se repiten

El “sinceramiento” de la economía con medidas impopulares como tarifazos, despidos y una inflación galopante son un boomerang para Macri y su entorno, que ven como los escraches y protestas crecen sobre todo en el Conurbano.

Sólo en los últimos siete días hubo al menos tres episodios en actos del Presidente y de la gobernadora María Eugenia Vidal, que es quizá la dirigente más expuesta a este tipo de contratiempos, al tener que pisar el barro del territorio bonaerense.

Las cámaras de televisión no lo mostraron, pero el viernes pasado en Cresta Roja, enclavada en el sur del Conurbano, hubo protestas de trabajadores judiciales mientras Macri confirmaba el veto a la ley antidespidos.

En Morón, el martes volvió a ocurrir la escena. Los judiciales despedidos se acercaron al acto en el que Macri, Vidal y Ramiro Tagliaferro recorrieron la obra de la cuenca Boquerón, que impactará sobre miles de vecinos del centro y sur del distrito. Palpando acaso el clima hostil, el Presidente esta vez evitó hacer declaraciones, hizo un par de fotos y en menos de media hora se fue a la Capital.

Es cierto que la política puede meter la mano, como en los escraches a Néstor Grindetti en Lanús, luego del escándalo de Panamá Papers. Días después, una senadora provincial de Cambiemos aseguró tener registrados a los manifestantes que increparon al intendente macrista, y dijo que responderían al camporista Julián Álvarez.

Pero cuando las protestas se convierten en algo sistemático y ocurren en todos lados, la lectura debería ser otra. Por otro lado, se sabe que son episodios cada vez más difíciles de ocultar, simplemente porque se viralizan en las redes sociales.

Por otro lado, así como la Casa Rosada refuerza su estrategia de aislar a Macri de la gente, también debería evaluar el caso de Vidal. La gobernadora tuvo varios episodios de este tipo, al menos en Mar del Plata, Bahía Blanca y Lanús.

El lunes de esta semana, en Lanús, la gobernadora anunció un aumento de las asignaciones para trabajadores estatales, pero fue recibida con insultos y abucheos en la Escuela 18 de este distrito, con vecinos que le exigieron comida para los comedores.

Cuando la gobernadora fue en abril a Bahía Blanca, para festejar por los 188 años del municipio, una joven discapacitada se acercó al escenario para reclamarle que el pago a los buitres “se va a hacer con el hambre del pueblo”. Afuera, la policía reprimió una protesta de Ate, Suteba y vecinos que se manifestaron para reclamar por los aumentos de tarifa, la implementación del boleto estudiantil y la situación de los comedores escolares.

La semana pasada, en Mar del Plata, trabajadores estatales bonaerenses organizaron una manifestación en contra de la gobernadora en la puerta del Hotel 13 de Julio, en el cual se alojaba, para inaugurar la Semana Social de la Iglesia.

Pero quizá el más violento fue el escrache recibido por Macri en Merlo, en marzo pasado, cuando el Presidente se acercó a este populoso y conflictivo distrito para la entrega de Aulas Digitales Moviles, en el marco del plan Primaria Digital. Fue en la Escuela Primaria N° 65, cuando un grupo de personas se acercó al lugar para increpar al líder del PRO. Hubo represión y detenidos.

El mes pasado, el Jefe de Estado también la pasó mal cuando en medio de una recorrida por Córdoba decidió improvisar y se bajó de su camioneta a saludar a un grupo de personas. Pero no le salió bien y una mujer se le acercó a increparlo por la falta de ayuda por las inundaciones, y lo terminó empujando. También sufrió un escrache Gabriela Michetti en Tucumán.

Apenas asumió Macri empezó a percibir el riesgo de un disgusto inesperado, cuando inauguró el tramo del tren eléctrico entre Quilmes y Constitución y las propias imágenes de Presidencia mostraron vecinos con carteles de repudio que rezaban “Macri=Hambre”, exponiendo además al Presidente a un comentario poco afortunado.

Fuente: La Politica Online