Elisa Carrió pidió una cuestión de privilegio en la sesión de Diputados en repudio a un acuerdo secreto entre el diputado del PRO Álvaro González y el kirchnerista Guillermo Carmona, para limitar las preguntas a Susana Malcorra, cuando visitó la Cámara el 1 de junio.

Malcorra fue a la Comisión de Relaciones Exteriores, presidida por Carrió, quien le permitió a cada bloque consultarla sobre el plan de política exterior del Gobierno.

Pero esta tarde, de causalidad, la chaqueña se supo que antes de garantizar su asistencia, González debió garantizarle a Malcorra que Carmona no consultarla sobre la denuncia en su contra que hay en la ONU, por supuesta complicidad con el ocultamiento de explotación y abuso sexual de menores por parte de las fuerzas de mantenimiento de paz en África.

El misterioso pacto se conoció en plena sesión, cuando Carmona pidió una cuestión de privilegio para acusar al presidente de la Cámara, Emilio Monzó, de haberle impedido exponer su pedido de informes sobre las denuncias contra la ahora candidata a presidir la ONU.

Luego pidió la palabra Negri. “La tuvieron tres horas en la Comisión de Relaciones Exteriores y no se animaron a preguntarle”, lo chicaneó.

Y no fue una buena idea. Carmona se levantó de su banca y empezó a los gritos. “¡Pero si me pediste que no le preguntara vos y Álvaro González!”, se exaltó.

Carrió paró la oreja y pronto supo que había presidido una reunión con la Canciller guionada y no justamente por ella.

“En 20 años no participé de ningún acuerdo de silencio. Que sepa toda la Cámara que la que ha sido agraviada es la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores y todos sus miembros”, se quejó la chaqueña y se fue del recinto.

“No me voy por ustedes sino por ellos”, le aclaró a varios kirchneristas al pasar. La historia parece seguir.