En el radicalismo consideran que la denuncia del detenido Iban Pérez Corradi contra Ernesto Sanz fue parte de una operación de inteligencia de un sector del Gobierno, donde habría más de un interesado en impedir que el mendocino ingrese al Gabinete, como se lo menciona cada vez que se analiza esa posibilidad.

Sospechan de Daniel “Tano” Angelici, el presidente de Boca y operador del Gobierno en la justicia, con nexos en la ex Side, donde no sólo conoce a los viejos espías y metió funcionarios como el director de Finanzas, Juan José Galea, sino que es amigo del actual titular, Gustavo Arribas, a quien conoce de los negocios del fútbol.

Contactos suficientes -especulan- para lograr que Carlos Broitman, abogado de Pérez Corradi y de supuestos lazos con los servicios, confirmara que su defendido acusó a Sanz de haber cobrado US$ 200.000 para impulsar el juicio de destitución del ex juez federal Federico Faggionato Márquez.

En el radicalismo creen que la acusación contra Sanz es parte de una operación de inteligencia promovida por Angelici, con fuerte influencia en la ex Side que dirige Gustavo Arribas.
“Es una barbaridad, una cosa descabellada. Eso mismo dijeron en 2010 en pleno juicio a Faggionato Márquez para apartarme de la causa en la que yo era fiscal acusador junto a Luis María Cabral”, se defendió Sanz.

Curiosamente sólo el Comité de la UCR porteña salió en su defensa, pero no hubo voces del Gobierno que desautorizaran a Pérez Corradi. Ni tampoco de su amiga, la diputada Lilita Carrió.

Broitman no se las dejó fácil: Esta mañana, reiteró que el acusado de ser autor intelectual del triple crimen de General Rodríguez vinculó a Aníbal Fernández con el tráfico de efedrina, el verdadero interés del Gobierno desde su detención. ¿Alguien puede decir que sólo ese testimonio es real es cierto?.

Sanz sabe que Angelici juega fuerte en Tribunales y por eso en diciembre se negó a ser ministro de Justicia. “No voy a ser el ministro para los medios, con Angelici caminando por Comodoro Py”, sostuvo el mendocino.

Elisa Carrió, socia del mendocino en el inicio de Cambiemos, empezó a denunciar a Angelici de ser el apretador de jueces en las sombras, pero Macri lo respaldó cada vez que pudo. “Es un disparate. No tengo operadores”, repetía con cara de poker.

Las últimas semanas de Sanz pusieron nerviosos a varios en el Gabinete, sus numerosas visitas a programas de televisión y la creciente influencia sobre Macri, alentaron las versiones de un probable desembarco.
Las últimas semanas de Sanz pusieron nervioso a los miembros del Gabinete, porque mientras su relación con los referentes de la UCR está cada vez peor, Macri lo sigue escuchando y su imagen aparece siempre como alternativa para reforzar su gestión.

Las visitas de Sanz a la televisión alentaron esa hipótesis, que de prosperar golpearía por igual a Angelici como a Marcos Peña, celoso coordinador de la comunicación oficial y principal consejero político del Presidente.

De hecho, una vez que estalló la denuncia de Pérez Corradi en los medios, Sanz se comunicó con importantes funcionarios del núcleo duro de la Casa Rosada con una pregunta inquietante: ¿De dónde creer que surgió esto?.

El mendocino no tiene muchos más caminos que sumarse al Gabinete en algún lugar prominente, para recuperar vuelo político. La reunión de la UCR en Tucumán, en la previa del 9 de julio, terminó con recriminaciones de los radicales críticos (se hicieron sentir los diputados Héctor Gutiérrez y Francisco Torroba) con los “amarillos”, como ya se denomina a los funcionarios, tales como el ministro de Agricultura Ricardo Buryaile y el coordinador del plan Belgrano, Julio Cano.

Sanz quiere mediar, pero no pudo y el partido centenario se quedó sin un documento para celebrar los dos siglos de Argentina. Desde hoy, el mendocino tiene un problema mayor.