Pasar la elección. Esa parece ser la consigna que los operadores políticos del Gobierno se trazaron para 2017, cuando llegue el turno de votar en todas las provincias para renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado.

Conocidas como “elecciones de medio término”, las legislativas suelen ser utilizadas por la oposición para posicionarse, pero los últimos antecedentes demostraron que no es un camino infalible: Francisco De Narváez ganó en Buenos Aires en 2009 y Sergio Massa en 2013, pero ninguno festejó dos años más tarde.

Con esos datos, en el Gobierno quieren instalar, ya desde ahora, que sin un triunfo categórico nadie puede festejar y mucho menos sacar chapa de candidato prometedor.

El Gobierno pretende desacoplar la elección de medio término de la presidencial del 2019 y quiere empezar a instalar que sin un ganador nacional claro, no hay favoritos para las presidenciales.
Los encargados de ejecutar la estrategia son el presidente de Diputados Emilio Monzó y el ministro del Interior Rogelio Frigerio, cabezas del armado político para las elecciones, que luego Macri adosa a la tarea comunicacional liderada por Marcos Peña.

El plato fuerte es la provincia de Buenos Aires y es ahí donde las fichas están puestas en embarrar la cancha, objetivo más prioritario que el de cerrar los candidatos a senadores y diputados.

El plan es que de mínima la elección se divida en tercios: Uno para Cambiemos, otra de Sergio Massa y el tercero del Partido Justicialista, referenciado en Cristina Kirchner y Daniel Scioli, que casualmente hoy se mostraron juntos.

Esta estrategia no es compartida por Elisa Carrió insiste en denunciar al ex gobernador, entorpeciendo la movida del Gobierno que lo quiere vivo para evitar que Massa se quede con todo el peronismo bonaerense.

La otra pata de ese armado es evitar que Margarita Stolbizer consolide su alianza con Massa, una tarea en la que ya han avanzado algunos cuerpos, aprovechando la buena sintonía entre la diputada y la gobernadora María Eugenia Vidal. Esto obvio les genera la inmediata reacción de Carrió, a quien ya no saben como empujar para que compita por Capital.

Mientras que para impedir que el massismo y el peronismo se junte, desde los despachos oficiales empezaron a presionan a los intendentes. “Deberán decidir si quieren pasar la elección tranquilos y sumar algunos concejales, o sumarse un problema para la última parte de la gestión”, bromean.

Los problemas son los habituales para los intendentes revoltosos: Freno a la obra pública y alguna denuncia por irregularidades en la gestión, que por una cuestión de convivencia dejaron pasar.

“Si hay una elección de tercios en Buenos Aires, nuestro candidato puede ganar con 33 puntos. Alcanza con estar parejos en el Conurbano y definir en el interior”, sostienen en el Gobierno.

El interior concentra menos del 30% de los electores bonaerenses, pero buena parte es de zonas rurales donde siguen viendo al Gobierno como la mejor opción electoral, mucho más si enfrente está Scioli y La Cámpora.

Para cada Provincia se repetirá el mismo esquema. En Santa Fe, el macrismo confía en polarizar con el socialismo, sobre todo si Omar Perotti no compite y espera a 2019.

El Gobierno sabe que la elección a ganar es en la provincia de Buenos Aires, por eso intenta mantener vivo a Daniel Scioli y si es posible que vaya junto a Cristina y La Cámpora, para evitar que Massa se quede con todo el peronismo.
En Córdoba dejarán que los radicales se mida con el peronismo gobernante. El partido centenario deberá definir además su estrategia en las provincias que gobierna (Jujuy, Mendoza y Corrientes) y en aquellas donde es una fuerte oposición (Tucumán).

Las provincias con referentes peronistas dispuestos a posicionarse para la presidencial no son muchas. Por ahora sólo se anotó el salteño Juan Manuel Urtubey, quien no la tendrá fácil en la legislativa si se anima a competir el intendente de la Capital Gustavo Sánez.

Para acribillarlo, Frigerio incluyó en la reforma política el impedimento de votar a más de un partido en las primarias, o sea, una ola a favor del dirigente massista lo dejaría mal parado.

Fuera de la Casa Rosada deberán definir qué hacer en Capital Federal, donde el retorno de Martín Lousteau asusta a Horacio Rodríguez Larreta y al propio Macri, que no puede permitirse una derrota en su territorio.

Apuestan a Elisa Carrió, más interesada en competir e la provincia de Buenos Aires. El presidente y el jefe de Gobierno podrían pedirle volver a competir en la Ciudad y ayudar a la estrategia oficial, que es frenar cualquier celebración de una figura ajena al Gobierno.