Por segundo mes consecutivo el Indec informa que los tres índices que miden los precios mayoristas (IPIM, IPIB e IPP) muestran una evolución por encima del índice de precios al consumidor (IPC) que releva los precios minoristas y muy por encima del IPC-Resto que es el que mide la inflación “núcleo” o lo que es lo mismo, la tendencia de los precios del 70% de la economía, sacando los bienes regulados como los combustibles y las tarifas.

En abril, no solo hubo un pico de inflación sino un máximo en la cotización del dólar. En mayo y junio que se estabilizó el dólar, los precios de los bienes importados que componen la canasta de los bienes relevados para el cálculo de los precios al por mayor cayeron 0,8% y 0,9% respectivamente. En julio con un leve repunte del dólar volvieron a subir un 2,6%.

Esto permitió que los tres índices mayoristas dieran más bajo que la evolución de los precios mayoristas de origen nacional que subieron en mayo un 4%, en junio un 3,2% y 2,6% en julio.

Mientras, la inflación minorista “núcleo” se ubicó en 2,7% en mayo, 3% en junio y 1,9% en julio. Y la que incorpora todos los precios al consumidor, el IPC, midió 4,2%, 3,1% y 2% respectivamente.

Desde que se mide el IPC, los precios mayoristas vienen superando a los minoristas. Es decir que hay subas de costos que las empresas no están trasladando al consumidor. Por eso, advierten que cuando la economía repunte, la inflación también volverá a subir.
Así, solo en los tres meses que lleva el Indec midiendo el IPC, se registró que los precios mayoristas, si bien también vienen en baja, vienen superando los precios minoristas. Esto quiere decir que hay subas de costos que industrias y comerciantes no están trasladando al consumidor final por la caída del consumo y que están soportando reduciendo márgenes de ganancias o incluso trabajando a pérdida. Son conscientes de que el bolsillo del consumidor no soporta subas más altas. La capacidad de compra de las familias acumula siete meses de caída.

Para algunas pymes esta situación condiciona su existencia, otras lo hacen con suspensiones o reducción de personal y otras ajustan márgenes e inversiones. En cual caso, cuando el consumo repunte, se impondrá la recomposición de márgenes y estas diferencias de precios serán trasladadas al consumidor. Por eso, los especialistas ya hablan de inflación reprimida.

En este sentido, los economistas habían advertido a LPO que cuando la economía repunte, la inflación también volverá a subir o al menos resistirá su baja.

Desde luego, la oportunidad de recomponer márgenes aumentando la producción y no subiendo precios dependerá del poder de mercado de cada sector. En este sentido, la importación podría pisar la suba de precios, aunque la posposición de inversiones por falta de márgenes y altos costos financieros favorece el encarecimiento y la falta de competitividad. La otra opción es el recorte de costos.

De momento, para recomponer márgenes, los comerciantes ya buscan recortar los costos mediante una modificación a la ley de tarjetas de crédito y débito que cobran aranceles del 3% y el 1,5% respectivamente.

Los comerciantes buscan recortar costos financieros

Según informó la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la modificación de la normativa vigente resulta necesaria, porque la transferencia de dinero por parte de los comercios a los bancos por comisiones de pagos con tarjetas es excesiva en sí mismas. Estas comisiones se suman a las retenciones del 3 % por el IVA, el 1 % por Impuesto a las Ganancias, más el porcentaje aplicable por el Impuesto a los Ingresos Brutos, dependiendo de la jurisdicción de la cuenta del comercio, más sus costos de mantenimiento.

Argentina es uno de los países que registra las más altas comisiones en materia de tarjetas de crédito y débito. A modo de ejemplo, en España son del 0,5%; en Perú del 1,5% al 2 %; y en Brasil y Chile del 1,30%.

“El comercio le transfirió a las administradoras, en concepto de pago de comisiones, $ 13.250 millones ($2.410.000 por operaciones con débito y $ 10.480.000 por crédito)”. Estos valores significan un traspaso de riqueza de los sectores productivos a los financieros, que afecta la competitividad de las Pymes, especificó la gremial empresaria.

“En definitiva, las retribuciones por uso de tarjetas forman parte de la cadena de costos que va minando la rentabilidad de las empresas argentinas”, afirmaron desde CAME quienes proponen llevar los aranceles al 1,5% y al 0% para las tarjetas de crédito y débito respectivamente.