El acuerdo fallido con la empresa Correo Argentino que hundió a la administración Macri en una de sus peores crisis políticas y de imagen pública, tiene un responsable principal: Fabián “Pepín” Rodríguez Simón. Este antiguo abogado de Clarín es el cerebro jurídico del Presidente y el responsable de sus errores más dramáticos.

Fuentes al tanto de las negociaciones del Correo confirmaron a LPO que fue “Pepín” quien instruyó directamente a Juan Manuel Mocoroa, sobre cómo debería ser el acuerdo, que finalmente voló por el aire. Mocoroa es director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Comunicaciones, pero no es el primer funcionario que sufre el bypass de Rodríguez Simón, que se escuda en su acceso directo a Macri.

“Pepín” es considerado por quienes lo defienden un “distinto”, un genio creativo del derecho que sale de los laberintos por arriba y acaso esa creatividad haya cautivado al Presidente. El problema es que cuando se equivoca lo hace hasta el fondo y siempre por lo mismo: La pésima evaluación del impacto político de sus ideas, que causan al Gobierno severos errores estratégicos.

Pepín es considerado por quienes lo defienden un “distinto”, un genio creativo del derecho. El problema es que cuando se equivoca lo hace hasta el fondo.
Pasó con la “genialidad” de nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto. Esa fallida jugada no sólo daño la imagen republicana de Macri sino que le hizo gastar la única bala que tenía para hacer un estropicio institucional semejante: Echar a la procuradora kirchnerista Gils Carbó por esa vía. Los 51 funcionarios imputados que tiene Macri en apenas un año, son hijos de ese error.

Pero ya se puede encontrar un ADN en esta administración: El camino más directo al despido es el éxito y la estrella propia, como pasó con Alfonso Prat Gay. También la inutilidad absoluta, como en el caso de Daniel Chain. Pero la unión de lealtad al jefe más cierta candidez política suele ser un buen reaseguro. El que levanta mucho la cabeza entra en zona de riesgo, el que se confirma torpe sobrevive, acaso porque deja al jefe en el lugar del saber. Claro que este sistema tiene sus costos.

La interna judicial

Pepín es el transgresor autorizado en un gobierno de medianías. Lastima que hasta ahora no pegó una. Fue él también quien empujó el juicio político a los camaristas que avalaron la paritaria cambiaria. Otra excentricidad, porque el Gobierno todavía tenía la vía de apelar esa decisión a la Corte Suprema si consideraba sus argumentos tan sólidos como para pedir la remoción de los jueces.

Si tenían razón, la propia Corte hubiera revocado el fallo y aleccionado a los camaristas. En ese caso nadie podría haber acusado a Macri de cargarse los límites republicanos, acusación que una y otra vez vuelven plausibles las iniciativas de Pepín.

El problema es que lejos de perder poder lo está acumulando. Integra junto a la diputada del Parlasur Mariana Zuvic, el círculo más íntimo de Lilita Carrio. Un acceso que les permite ser parte de ese supra tribunal moral que opera sobre Cambiemos, como última instancia para definir qué es corrupto y qué no. Lo hace sin mucha coherencia ni autocrítica ¿Pero a quién le importa, si el propio Presidente se pliega a los veredictos de la diputada?

La caída de Daniel Angelici como operador en jefe de Macri en el mundo judicial es el efecto más directo del ascenso de Pepín y su jefe político directo, el jefe de asesores del Presidente, José Torello. Pero no fue la única víctima.

Germán Garavano, es otra de las bajas de ese deslizamiento. Cuando Macri arbitraba en los temas judiciales entre los consejos de Angelici y los de Torello-Pepín, el ministro de Justicia encontraba la brecha para colar la propuesta “técnica”. Hoy con Pepín monopolizando la oreja presidencial, ese espacio se acotó dramáticamente.

Lo mismo le sucede a quien institucionalmente debería ser el principal asesor jurídico del Presidente, el procurador del Tesoro, Carlos Balbín. Torello y compañía lo tildan de “tibio” y buscan su desplazamiento. Es verdad que Balbín comete un error, suele advertirle al Gobierno sobre los límites que fija la ley. No es creativo, pero visto los resultados, es seguro. Lástima que no lo escuchen más.

Sin embargo, nada indica que vayan a cambiar. Antes de irse a España, Macri le encargó a Pepín que arregle el desastre que él mismo causó en el caso Correo. Y su asesor preferido lanzó otra genialidad: Pedir el juicio político del juez que interviene en la causa.

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