Desde esta tarde las sierras cordobesas del valle de punilla comenzaron a poblarse de dirigentes radicales que entre mañana y pasado dirimirán su rolen el Gobierno en el hotel Luz y Fuerza de Villa Giraldino.

Y como era de esperar, sus referentes adelantaron la pelea interna cruzando documentos que el sábado, tras el último de los paneles, deberán confluir en un mensaje del partido.

Al menos ese es el objetivo de Ernesto Sanz, la figura más fuerte del partido y el radical de mayor influencia en el Gobierno, aun cuando no tiene un cargo.

Fue lo que le enrostró ayer Ricardo Alfonsín en un documento que firmó junto a otros dirigentes díscolos reunidos en la sede del Comité nacional.

“Las relaciones con el Gobierno nacional se encauzan por no vías institucionales y por intermedio de dirigentes que no fueron designados formalmente y que no informan públicamente sobre el contenido de sus intercambios”, fue uno de los párrafos del documento alfonsinista, en clara alusión a Ernesto Sanz.

“Debemos preservar la identidad y la vigencia del radicalismo. La UCR se ha convertido en un partido sin voz, sin opinión conocida, sin comunicación con el pueblo. Cambiemos fue una coalición ganadora, que no se convirtió en una coalición de gobierno”, para proponer que el centenario partido “debe confirmar que nació como la causa de los desposeídos”, fue otro fragmento de la dura declaración, que pareciera dejar a Alfonsín sin retorno.

Sin embargo, cerca de la conducción creen que no habrá problemas en contentarlo con su segura reelección (en la provincia Cambiemos difícilmente baje de 10 diputados electos) y algunos cargos en la provincia de Buenos Aires, donde no encuentra sana con Daniel Salvador.

Sanz se había adelantado el lunes con detalles de su documento filtrados en Clarín. Fueron escritos por el presidente del Comité, José Corral; y Jesús Rodríguez, auditor general de la Nación y en quien confía Macri para salir a flote en el escándalo del Correo.ç

El mencodino prevé dar una muestra de poder esta noche con una cena de los radicales más poderosos, como gobernadores e intendentes. Serían los que se impongan en el duelo final y marquen la cancha para la convención nacional, prevista para el 3 de abril en La Plata, donde se ratificará la alianza con el PRO.

Ese documento de Sanz dice que el triunfo de electoral Cambiemos “sugiere la posibilidad de ubicarnos en el umbral de una Argentina distinta”.

Pero acepta que el Gobierno “deben evitar transferencias regresivas de ingresos y amortiguar el impacto negativo sobre los sectores más vulnerables”. O sea, regular los tarifazos y moderar la recesión.

Por si faltaba algo, esta tarde apareció Federico Storani y a través de su diputado nacional Alejandro Echegaray difundió un extensísimo documento, donde reivindica el acuerdo con el PRO pero pide pista para la UCR.

“Cambiemos no se ha consolidado como una auténtica coalición de gobierno. A lo sumo es una coalición electoral y en ocasiones parlamentaria con diferentes grados de integración según sea el distrito que se analice”, plantea.

“A quince meses de iniciado el gobierno presidido por Mauricio Macri, podemos concluir que esa anomalía en “Cambiemos” es un grave error y a la vez una debilidad”, denunció.

La idea, cuentan en su entorno, es mediar entre Sanz y Alfonsín para que al menos haya un documento que no altere a alguna de las partes. Quedan 48 horas de rosca para lograrlo.

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