Cuando Marcos Peña pidió a las 14.40 un cuarto intermedio en su informe ante el Senado, no imaginó que al volver encontraría un recinto semivacío.

Es que 15 senadores habían corrido hasta la Cámara de Diputados para participar de la conformación de la bicameral de Reforma Tributaria, cuyos 30 miembros tendrán la misión de debatir y definir un esquema impositivo para las próximas décadas.

La reunión en el anexo de la Cámara baja duró unos minutos y sólo sirvió para definir autoridades y confirmar, como adelantó LPO, que Mauricio Macri no enviará sus propuestas hasta después de las elecciones.

Lo anunció el diputado macrista Luciano Laspina, elegido presidente de la bicameral. Los vices serán el senador Juan Manuel Abal Medina (FPV-PJ) y el diputado Marco Lavagna (Frente Renovador) y la secretaria la senadora neuquina Lucila Crexell.

“En el Senado no estamos acostumbrados a los aplausos”, bromeó la senadora radical Silvina Elías de Pérez, cuando hubo una breve celebración por la designación de autoridades.

Los secretarios parlamentarios Juan Tunessi (Senado) y Eugenio Inchausti (Diputados) abrieron la reunión sorprendidos de una asistencia casi perfecta y Laspina se sorprendió aún más cuando nadie quiso hablar.

A su propuesta de pasar meses para hacer un diagnóstico del cuadro tributario antes que en pensar nuevos impuestos, sólo le respondieron con miradas.

Como explicó LPO, había representantes de la mayoría de las provincias, algunos muy atentos a cualquier cambio impositivo que pueda afectarle a sus gobiernos, abastecidos en su mayoría por la coparticipación de impuestos nacionales como Ganancias e IVA.

Muchos suelen quejarse cada vez que uno de esos tributos baja y se resignan sus finanzas. Lo supo el senador sanjuanino Roberto Basualdo, que tardó meses en convencerlos de que invertir unos pesos en un incentivar a las Pymes sería redituable a largo plazo.

Uno de los más rebeldes a tocar impuestos es el senador Adolfo Rodríguez Saá, que dejó hablando solo a Peña para ir a la comisión, se sentó adelante, no habló y anotó.

La bicameral fue creada en la ley de blanqueo sancionada hace casi un año y le de otro año a Macri para enviar en forma definitiva su propuesta impositiva.

Se sabe que considera la presión tributaria como uno de los frenos a las inversiones, pero tampoco puede descuidar su objetivo de bajar el déficit fiscal. Ni enloquecer a gobernadores, cuyos legisladores no están dispuestos a resignar recaudación.

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