Durante varios años el gobierno kirchnerista aseguró que la eliminación de los derechos de exportación al sector agropecuario afectaría directamente la recaudación del Estado generando un desfinanciamiento inaceptable que culminaría en un estallido social.

Dicho discurso político fue repetido hasta el cansancio por los ex funcionarios en el marco de la interminable pelea que mantuvieron con el campo que reclamaba -con argumentos técnicos- que se eliminen las retenciones para reactivar la producción y la inversión agrícola.

El debate por las retenciones al campo, inclusive, derivó en la histórica “Resolución 125” (diseñada por Martín Lousteau) que por poco termina acabando con el gobierno de Cristina Kirchner en julio de 2008 luego del voto “no positivo” de Julio Cobos en el Senado de la Nación.

Hoy, nueve años después de interminables debates políticos sobre la aplicación de impuestos al sector más competitivo de la economía argentina, quedó demostrado que el país perdió mucho tiempo para posicionarse como el principal productor de alimentos del mundo.

Tal es la conclusión de un reciente informe realizado por técnicos del Instituto de Estudios Económicos y Negociaciones Internacionales (IEEyNI) de la Sociedad Rural Argentina (SRA) al que accedió La Política Online.

Dicho documento menciona que el importante aumento que se registró durante la última campaña en la producción de trigo, girasol y maíz permitió compensar en un 97,5% la pérdida que representó para el Estado el hecho de eliminar las retenciones a estos cultivos.

Esto se dio fundamentalmente por un incremento en la recaudación del Impuesto a las Ganancias que percibe el Estado. Es decir, los aumentos en los precios que recibieron los productores por la eliminación de las retenciones causó que automáticamente aumente su base de tributación.

“Estos factores compensan prácticamente el monto total de lo que el Estado recibía por retenciones y generan un ingreso al fisco de u$s 7.093 millones; un 97,5% de la recaudación por derechos de exportación en 2014/15”, indicó el informe de la SRA.

“El aumento en la producción en trigo, maíz y girasol va a significar un diferencial de ingresos por ganancias de u$s 1.378 millones, al tiempo que las retenciones que hoy sigue pagando la soja (un 30%) representan unos u$s 5.715 millones”, sostuvo la entidad.

Cabe recordar que hasta el 2015 los productores de trigo tributaban un 23% de retenciones; los de maíz un 20%; los de girasol un 32%; y los de soja un 35%. Con los precios actuales y con estos derechos de exportación el Estado cobraría u$s 7277 millones.

“Las retenciones eran un desincentivo para la producción y el hecho de eliminarlas representó un beneficio mayor para el país tal como lo venimos diciendo en los últimos años”, comentó a este medio el presidente de la SRA, Luis Miguel Etchevehere.

“Al igualar las condiciones del campo con las del resto de los sectores de la economía, aumentó la producción, se generó mayor demanda de insumos, de viajes de camión, de compra de maquinaria agrícola y un incremento en el comercio que es trabajo en las provincias”, agregó.

En este sentido, el informe de la entidad rural también hace mención a los sectores que, por decantación, se vieron beneficiados por la eliminación de retenciones. Por ejemplo, las empresas de maquinaria agrícola aumentaron su facturación un 104% en 2016.

En tanto, el año pasado el consumo de fertilizantes creció un 46%, mientras que en el último trimestre de 2016, según el informe, el campo generó 25.000 nuevos puestos de trabajo (se estima que la actual cosecha requerirá 910.000 viajes de camión más que en 2015).

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