El fallo de la Corte Suprema que avaló el beneficio del 2×1 para un represor condenado por delitos de lesa humanidad confirmó el fin del liderazgo hegemónico de Ricardo Lorenzetti (que votó en minoría junto a Juan Carlos Maqueda) en el máximo tribunal y la consolidación de una transición, sin una mayoría clara.

La salida de Carlos Fayt a fines de 2015 y el ingreso en 2016 de Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti marcaron el fin de la mayoría automática que Lorenzetti tenía en los últimos años y que le permitió incrementar su poder. La derrota en una votación de un tema tan sensible como los beneficios para represores dejó en evidencia que no sólo perdió la mayoría automática sino también la hegemonía política.

La del miércoles no fue la primera derrota de Lorenzetti. Quince días atrás también quedó en minoría en la resolución del caso Alespeiti, otro ex militar condenado por delitos de lesa humanidad. La Corte le concedió la prisión domiciliaria que Casación le había negado. El presidente del Tribunal votó en contra junto a Elena Highton de Nolasco.

Esos casos dejan en claro que Lorenzetti ya no tiene el manejo asegurado de la Corte, aunque también revelan que no existe una nueva mayoría fija o alianza, y que los votos cambian expediente a expediente. Otro ejemplo fue el caso Villamil, donde se ratificó la prescripción de las acciones civiles contra el Estado de las víctimas de la dictadura. Allí Lorenzetti fue parte de la ajustada mayoría junto a Rosenkrantz y Highton.

En definitiva, la nueva dinámica de la Corte y las diferencias en las votaciones son el resultado del ingreso de dos jueces autónomos, con pensamiento muy distinto entre ellos, con juego propio y sin sumisión a Lorenzetti. Al rafaelino ya no le alcanza con su histórica cercanía con Maqueda.

Un dato a tener en cuenta es que a Lorenzetti le queda un año y medio de mandato como presidente de la Corte. En el máximo tribunal nadie se anima a arriesgar qué pasará en el medio.

El fallo del 2×1 y esta transición en la Corte también deja un mensaje para el gobierno nacional. De ahora en más, las negociaciones ante cada fallo que interese a la Rosada (o a todo el poder político) deberán ser multilaterales, es decir con los cinco integrantes de la Corte. En otras palabras, al gobierno ya no le alcanzará con las buenas migas que hizo Macri con Lorenzetti.

Por otro lado, en la Corte dicen que el fallo del 2×1 (y los mencionados anteriormente) también tiene un mensaje para los jueces de instancias inferiores y es que no se excedan en la interpretación de la ley y tampoco cedan a las presiones políticas para fallar estirando los márgenes de la legislación vigente. “Si a la política no le gusta la ley vigente, que la cambien”, responden ante las críticas.

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