“Gisela está embarazada. Estamos esperando un bebé”. El impactante anuncio de Daniel Scioli en el programa de Jorge Rial buscó salir por arriba del escándalo de mujeres en el que había quedado atrapado, con la épica de la vida y el reencuentro que tanto usó en su carrera política.

Pero duró poco la magia, esta mañana su ex novia Gisela Berger destrozó esa imagen idílica que buscó transmitir Scioli, revelando que el ex gobernador la presionó para que abortara y que a veces la dejaba sola durante horas, casi recluida, en su famosa quinta de La Ñata.

La confesión de Scioli ante Rial no sólo dejó con la boca abierta al conductor -o al menos simuló con maestría la sorpresa- sino también al peronismo, que en ese momento se volcaba masivamente a la calle en medio de una histórica movilización contra el 2×1 a los genocidas.

Importantes dirigentes del peronismo consultados por LPO reconocieron que en toda esta telenovela hubo dos momentos. El primero fue el posterior al programa de Rial, tras la entrevista en la que contó que Gisela Berger estaba embarazada de tres meses. Era un Scioli tranquilo, seguro, sonriente, que desestimaba los chats hot con Sofía Clérici que habían aparecido horas antes: “Solo somos amigos”, decía con sorna.

En ese momento hubo optimismo en algunos sectores del peronismo. “Era el auténtico Daniel Scioli. Esa mezcla entre política y farándula que de algún modo fue la fórmula de su éxito”, dijo a LPO un operador del Conurbano. En ese primer momento, el ex gobernador aparecía enchufado en la campaña, ganando espacio mediático, recordando su accidente, ante nuevos desafíos (ser padre a los 60 años). Algunos incluso se ilusionaban con recuperar al líder que fue alguna vez.

Pero todo cambió hoy, cuando trascendieron las primeras declaraciones de Berger. La modelo aseguró que a Scioli no le cayó nada bien la noticia del embarazo e incluso le pidió que abortara. Ese es el segundo momento. “Cuando la chica salió a contar eso, todo cambió”, reconocieron en el PJ.

Es que esa revelación mostró el lado menos agradable de Scioli, su duplicidad. Es que el ex gobernador siempre se mostró como un hombre de la Iglesia Católica e incluso muy cercano a los sectores más conservares que encabezaba el obispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer. En esos extremos, en su campaña por la reelección no dudó en hacer una publicidad junto a su esposa de entonces, Karina Rabollini, orando en un banco de Iglesia.

La revelación de Gislea Berger golpeó fuerte la credibilidad de Scioli, porque durante toda su carrera se mostró como un católico convencido, muy cercano a los sectores más conservadores. Se pronunció incluso contra el aborto.
Y en esa sintonía durante la pasada campaña presidencial mostró una fuerte postura en contra del aborto. “No estoy de acuerdo con la legalización del aborto”, dijo el entonces candidato.

Esas declaraciones -en días en que se define una estrategia para enfrentar a Cambiemos- toman ahora otra dimensión. Scioli era visto como el candidato más taquillero para encabezar la boleta, en caso que Cristina Kirchner decidiera no competir.

Desde un sector del Grupo Esmeralda coinciden en que el escenario cambio por completo en las últimas 48 horas. “Cuando sale Gisela, cambió todo”, explican, aunque no descartan que se pueda sobreponer al escándalo. Scioli ya demostró que es bastante incombustible.

“Es el escenario donde mejor se mueve. Va a poder sortear ese obstáculo. Seguramente va a lograr un acuerdo con Gisela y en el pico de la campaña se van a mostrar juntos en las revistas del corazón con frases del tipo ‘estamos muy felices con la llegada del chico'”, agregaron las fuentes consultadas.

Es cierto que Scioli construyó su carrera política buceando el mundo de la farándula. Y la derrota de 2015 puso bajo la lupa algunas decisiones que luego pasaron a la polémica.

En julio de 2015 y ya en campaña, Scioli viajó a Cuba para mostrarse con Raúl Castro. La Justicia comprobó que en ese avión viajaba Gisela Berger. Eran días en que Karina Rabolini se paseaba por los canales elogiando las aptitudes del entonces candidato como pareja.

Hubo otros episodios, como el de mostrar a su hija durante la campaña. Durante esos meses, Lorena Scioli recorrió el país como abanderada de la Fundación DAR, la encargada de elaborar las propuestas electorales de su padre.

El caso es que Scioli tardó 15 años en reconocerla como su hija. Ella habló por primera vez con su padre cuando tenía 11 años, Scioli la llamó y le dijo que no la reconocería y que la quería lejos de su vida.

Este jueves, Lorena reaccionó ante el escándalo y publicó en Twitter una foto de su hijo menor, Felipe, con un sugestivo mensaje: “Parece que hoy prefiere no mirar ni escuchar”.

Otro sector del peronismo se muestra más duro. “La que mide es Cristina. Scioli ya perdió”, dicen en un sector más cercano a la ex presidenta. Desde allí agregan que el ex gobernador tiene problemas con la Justicia y que no contuvo a su tropa tras la debacle de 2015.

De manera previsible, aquellos que hoy están con Florencio Randazzo son todavía más duros. “El hecho de que Scioli vaya a ser padre a los 60 y si eso le ayuda o no para la campaña, era un buen tema de debate anoche. Pero hoy, con todo lo que dijo Berger ya no hay discusión posible”, afirmó a LPO un diputado peronista de ese sector. Y agregó: “Scioli eligió el momento. Mientras el pueblo estaba en una movilización histórica en contra de los genocidas, él se fue un canal a contar que iba a ser padre”.

En La Cámpora se resisten a hacer declaraciones. “Nuestra postura es no hablar de temas personales”. Por supuesto que tampoco reflexionan sobre si este escándalo puede tener algún efecto sobre la campaña o la perfomance del peronismo en la elección. “Nuestra discusión política no pasa por los nombres sino por la construcción del peronismo. Para eso hacemos reuniones todos los martes, y allí hablamos de todo, menos de temas personales”, dicen.

Pero el recuerdo del caso de José Ottavis agiganta el ruido en La Cámpora. La farandulización extrema del diputado provincial no cayó bien ni siquiera en Máximo Kirchner y fue el inicio de su ostracismo político de estos días. Su relación con Victoria Xipolitakis, sus apariciones públicas luego difundiendo un presunto romance con Moria Casán, sus extravagantes clases de baile, hicieron que el legislador perdiera dentro del bloque camporista el respaldo de quienes parecían incondicionales. Un espejo inquietante que Scioli seguramente elegirá no mirar.

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