El kirchnerismo responzabiliza a José Torello y Andrés Ibarra, dos hombre de íntima confianza del presidente Macri, de haber sido los ideólogos de la supuesta manipulación del escrutinio provisorio para permitir el festejo de Cambiemos, cuando aún restaba escrutar buena parte de la elección, que terminó en un empate técnico.

Como explicó LPO, Torello fue influyó fuerte en la organización del comicio a través del histórico director electoral, Alejandro Tullio, que la administración de Macri mudó al Correo Argentino, que tuvo a su cargo el traslado de urnas y la confección de telegramas con el recuento de los votos.

Fuentes del kirchnerismo confirmaron a LPO que tanto el jefe de asesores del Presidente como el ministro de Modernización, fueron los encargados de bajar las órdenes políticas durante el tenso recuento de ayer.

En el entorno de Cristina recuerda que Torello es amigo del juez electoral de La Plata, Juan Manuel Culota, que tiene a su cargo el recuento definitivo de la elección de la provincia.
Además, cerca de la ex presidenta recuerdan que Torello es amigo del juez federal electoral de La Plata, Juan Manuel Culota, quien asumió en abril y desde el miércoles tendrá a cargo el escrutinio definitivo de la elección bonaerense, que se extenderá al menos por dos semanas.

El plato fuerte serán las 1537 mesas pendientes, que representan casi el 5% del electorado y que según el kirchnerismo le permitirán a Cristina Kirchner imponerse a Esteban Bullrich, por 6915

De esas mesas, hay 800, cuyo telegrama llegó a la sede del Correo Argentino con errores y por lo tanto Indra nunca lo cargó.

Los fiscales de Unidad Ciudadana advirtieron que la mitad era del Conurbano y arrojaban 12 mil votos por encima a Cristina Kirchner (4 mil más en la primera sección y 8 mil en la tercera). El resto son del interior y, según sus cálculos, Cambiemos suma 4 mil sufragios para Bullrich.

Los fiscales kirchneristas detectaron luego 764 mesas que nunca enviaron el telegrama y sólo 164 son del interior, tierra fértil para el Gobierno.

Las otras 600 son del conurbano, muchas en distritos con victorias para Cristina como La Matanza (45), Berazategui (40) y otras de Lomas de Zamora y Merlo.

“La provincia de Buenos Aires empezó a cargar a las 20 horas, pero sólo llegaban algunas mesas del Conurbano donde siempre perdemos, como Ramos Mejía, que le permitieron a Bullrich estar 7 puntos arriba”, relató LPO uno de los kirchneristas encargado de controlar el escrutinio.

“Mientras se hacía el acto de Costa Salguero, Ibarra fue al Correo y los empleados de Indra dejaron de cargar datos. Recién cuando terminaron de festejar volvieron a hacerlo, pero siempre con mesas salteadas”, relataron.

En esas horas, el escrutinio de algunos distritos se fue cargando a cuentagotas, como Merlo, La Matanza y Mar del Plata, donde Cambiemos tuvo una buena performance.

Pero con el correr de las horas Cristina llegó a estar a 600 votos de Bullrich y cuando a las 4 de la madrugada se adjudicó el triunfo, se alejó tres décimas, por el impacto de las urnas de Mar del Plata que según los kirchneristas, el gobierno se había guardado para cargar en ese momento y aguarle el discurso.

Por otro lado, en el kirchnerismo encendieron la alarma sobre algunas falencias propias que pueden complicarlo en el escrutinio definitivo, como la floja fiscalización en el interior bonaerense.

Se trata de una zona con sólo un tercio del electorado, pero fundamental para que Cambiemos equipare su derrota en la populosa tercera sección. “Hubo telegramas con cero votos para Unidad Ciudadana, firmados por nuestros fiscales”, se indignaban.

Para el escrutinio definitivo planean no volver a confiar en esos fiscales y llevar diputados y militantes a controlar las actas en el juzgado.

El kirchnerismo planea llevar diputados al escrutinio definitivo para supervisar personalmente el proceso, pero temen que el juez Culotta, a quien vinculan a Torello, desestime sus impugnaciones.
Tendrán que estar desde el miércoles, porque el conteo empieza por orden alfabético y el primer turno es para Adolfo Alsina, pueblo del sudoeste bonaerense.

El plato fuerte será las mesas que nunca se contaron, pero tampoco los fiscales de Unidad Ciudadana tienen garantías de que finalemente podrán saber que pasó.

Sólo pueden objetar los resultados y esperar una resolución del juez federal Juan Manuel Culotta habilitando la apertura de urnas, si lo considera necesario.

Tullio ignoró la mayoría de los reclamos de los fiscales kirchneristas de la provincia, pero sí atendió un pedido del santafesino Agustín Rossi en Santa Fe.

Victorioso en la interna, Rossi advirtió a la medianoche que faltaba escrutar la mitad de los telegramas de Rosario y se lo hizo saber al director electoral.

Le respondieron que la falta de carga se debía a un problema en el escaneo y para solucionarlo enviaron los telegramas a la ciudad de General Gálvez, que queda a 100 kilómetros. Se cargaron por la noche y el peronismo ganó.

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