La Cámara de Diputados le tomó juramento a 126 diputados que asumirán el 10 de diciembre, uno menos que los electos en octubre, porque la macrista porteña Johanna Picetti fue impugnada por Elisa Carrió y su reemplazo no podrá sumarse hasta que la justicia resuelva el caso.

Picetti intentó ingresar al Congreso con un escribano, pero no la dejaron. Carrió apareció tarde, con la sesión empezada y juró última, cuando ya había pasado el turno de los diputados de la Ciudad.

“Con la ayuda de Dios, sí, juro”, dijo con suavidad la chaqueña ante la santiagueña Marta Pastoriza, a cargo de la sesión preparatoria por ser la de mayor edad, una añeja costumbre que se sostiene.

Lilita no parecía estar bien: sus colegas la vieron junto a una celosa asistencia y creen que no irá por un buen tiempo al recinto.

Por estricto orden alfabético, los 35 bonaerenses siempre juran primeros, suelen ser ruidosos y se mezclan sin problemas entre partidos políticos. “¡Por la memoria de Sergio Maldonado y Rafael Nahuel!”, gritó Nicolás del Caño, del Frente de Izquierda.

Su compañera Romina del Plá, proveniente de la rama dura de Suteba, pidió por la educación pública. El macrista Herán Berisso los miraba sorprendido.

Los de La Cámpora abundaron en menciones a Perón, Kirchner, los 30 mil desaparecidos. “Y por los organismos de derechos humanos, que no son ningún curro”, completó Horacio Pietragalla, hijo recuperado y de vuelta diputado.

Magdalena Sierra juró por “el pueblo de Avellaneda” y Hugo Yasky por “los mártires de la clase trabajadora y la libertad de Milagro Sala”, justo mientras la Corte Suprema avalaba su prisión preventiva.

Pablo Ansaloni, de Cambiemos, no se contuvo y reconoció a los “trabajadores rurales”, un homenaje al difunto Gerónimo Venegas. Poco se hicieron sentir los porteños, casi todos de perfil alto, como Daniel Filmus, Martín Lousteau y Gabriela Cerutti. Tal vez les incomodaba jurar juntos.

La entrerriana Mayda Cresto dedicó unos segundos a homenajear a su padre y ex gobernador y al rato la copió María Emilia Soria, hija de Carlos Soria, fallecido trágicamente en el año nuevo de 2011 a menos de un mes de tomar control de Río Negro.

El mendocino Federico Zamarbide juró por “el pueblo de San Rafael”, la tierra de Ernesto Sanz. Su coterráneo José Luis Ramón, del Partido Intransigente y miembro de un bloque de Lousteau, se hizo notar con una bufanda sobre su hombro. Hacía calor.

Salta fue la provincia de la grieta: asumieron tres diputados por separado y con reproches cruzados.

El kirchnerista Sergio Leavy pidió la unidad del peronismo. Andrés Zottos, el represente de Juan Manuel Urtubey, reclamó federalismo. Y el macrista Martín Grande no anduvo con eufemismos: “Juro porque nunca más los delincuentes vuelvan a gobernar este país”. Quien quiere oír que oiga.

El radical puntano José Luis Riccardo volvió a la historia al recordar a Arturo Frondizi y los santafesinos, de los últimos en la lista, retomaron la armonía en un recinto que ya se estaba desordenando.

La kirchnerista Josefina González, víctima de un severo accidente de tránsito, no contuvo su emoción al recordar su fé por Néstor y Cristina.

Agustín Rossi y Luciano Laspina, referentes fuertes del kirchnerismo y el macrismo, hicieron culto del diálogo: juraron juntos, el del PRO posó con sus hijos y terminaron todos a los besos. En Rosario, las cosas parecen más sencillas.