Cambiemos firmó un dictamen a favor de la reforma jubilatoria en un caótico plenario de comisiones, que tuvo escenas de violencia entre jubilados y manifestantes con personal de seguridad de la Cámara de Diputados.

Gran parte de la oposición se unió en rechazo y obligó al Gobierno a consolidar aliados para llegar a la mayoría el miércoles próximo en el recinto.

En el dictamen dio el primer paso. Logró 40 firmas sobre 80 integrantes de ambas comisiones, entre ellos la santiagueña Norma Abdala de Matarazzo (Frente Cívico) y cinco miembros del interbloque “Argentina Federal”: el tucumano José “Mellizo” Orellana, el misionero Jorge Franco, los cordobeses Paulo Cassinerio y Martín Llaryora y el chaqueño Juan Mosqueda.

Cambiemos aún necesita garantizar más votos de este sector para llegar tranquilo a la sesión, pero confía en llegar sin problemas. El escándalo de esta tarde no ayuda.

Los manifestantes eran grupos de ancianos y algunos jóvenes, llegaron temprano y escoltados por diputados kirchneristas como Axel Kicillof, Hugo Yasky y Carlos Castegnetto, cuyo secretario full time es Daniel Reposo, el ex jefe de la Sigen durante el kirchnerismo que estuvo a punto de ser procurador general. Hoy se lo vio guiando ancianos por las escaleras.

Llevaban pancartas, banderas y presionaron hasta ingresar a la sala 3 del anexo C: forcejaron con la seguridad en la planta baja del palacio, lograron subir la escalera y empujar contra la puerta del salón, donde varios pudieron entrar.

Los acompañaban sindicalistas de la corriente federal, cercanos al kirchnerismo, como Sergio Palazzo (Bancarios), Leonardo Fabre (trabajadores de Anses) y los docentes Roberto Baradel (Suteba) y Sonia Alesso (Ctera).

El momento de mayor tensión se vivió a poco de iniciar la exposición de Jorge Triaca, cuando un grupo de jubilados y manifestantes que lo insultaban desde el fondo de la sala avanzó contra los custodios, con intención de encarar hacia el ministro de Trabajo.

Los forcejeos derivaron en intercambio de golpes, que cesaron cuando Agustín Rossi se paró en la mesa y se arrojó contra los manifestantes al grito de “¡Paren!”.

Imperturbable, Eduardo Amadeo pidió un cuarto intermedio para debatir cómo seguir y en medio del griterío se vio a Emilio Monzó repartir reproches a Rossi.

Los diputados volvieron a sus asientos y el santafesino anunció un acuerdo de paz: habría lugar para cinco oradores entre los manifestantes, antes de escuchar a los ministros.

Pasaron por el micrófono Palazzo (“¡Le están bajando la jubilación a la gente que gana 7000 pesos, la mitad que lo necesario para cubrir necesidades básicas!”), Febre (“Anses funcionaba y tenía un Fondo millonario. Ustedes le sacaron impuestos al tabaco y a la minería”) y Alesso (“Están pidiendo una ley anticonstitucional. Representen al pueblo”).

Tensión permanente

Los ministros volvieron a hablar pero los tapaban los gritos e insultos. Triaca exhibió en powert point la caída de aportantes al sistema. “Estamos hablando de la sustentabilidad del sistema previsional, no sólo mirando esta generación, sino la futuras”.

“¡Estamos protegiendo a los jubilados de la mentira de los índices!”, se animó a gritar Dujovne. E insistió en que la fórmula para actualizar jubilaciones las hará crecer 5% respecto a la inflación en 2018, argumento que sirvió para convencer a Elisa Carrió.

“No se puede comparar la fórmula anterior con esta, porque kirchnerismo inventaba los índices de inflación”, agregó el ministro, poco antes de irse.

Los diputados kirchneristas se mantenían quietos y sin hablar, expectantes de los insultos de los manifestantes que no cesaban ni un minuto.

Pero un encendido discurso de Nicolás Massot estuvo a punto de tirar todo por la borda. “¡Esto no es el palco de Plaza de Mayo, es el Congreso de la Nación”; “¡Ustedes prendieron fuego la casa y hoy se quejan del olor a humo! ¡Las jubilaciones se han pagado con una máquina de hacer billetes o con la toma de deuda permanente”, fueron algunas de sus provocaciones.

“¡Háganse cargo, (José Luis) Gioja, usted es presidente del PJ! ¡No miren para otro lado! Sean corajudos, tengan huevos para debatir! Ahora nos van a escuchar a nosotros! ¿Ustedes piden por la guita? ¡Vamos a pedir la guita, vamos a pedirla a Marcos Paz y a Ezeiza! ¡Soy el primero en ir con ustedes! ¡Háganse cargo!”, gritaba sin parar.

El neuquino José Ciampini lo fue increpar, Massot seguía su discurso encendido y varios de sus pares intervinieron para que no vaya todo de las manos. “¡Andá a sentarte!”, le gritó Massot, parado y dispuesto al cara a cara. “¿Quieren guita? Vamos a Marcos Paz y a Ezeiza a buscar guita”, propuso, en alusión a los ex funcionarios kirchneristas presos.

“Es joven y todavía no sabe bien lo que es la vida. Yo estoy orgulloso de ser argentina y peronista”, lo ninguneó Gioja y protestó porque Amadeo estaba pasando un dictamen para firmar a favor de la reforma.

El dictamen ya circulaba entre las bancas. “Tengo experiencia parlamentaria. Y acá se están pasando dictámenes a la firma”, protestó luego Victoria Donda. “No sé por qué no puedo hacerlo”, se defendió Amadeo.

Donda, Cristina Álvarez Rodríguez (FpV-PJ), Mirta Tundis (Frente Renovador), empezaron a buscar firmas para un dictamen de minoría.

Los ancianos no se cansaban de insultar a cuanto oficialista hablara, con algunas precisiones sorprendentes. No tardaron en identificar al tucumano José Cano por su paso en el plan Belgrano, abundaban consignas contra “los paraísos fiscales” o empresarios ligados a Macri como Nicolás Caputo y Ángel Calcaterra.

Leopoldo Moreau los encendió con un discurso intenso, como acostumbra. Recordó que votó en contra de los ajustes del gobierno de De la Rúa, cuando era oficialista. “Ya estaba Sturzenegger; la única diferencia era que tenemos a Dujovne y no a Cavallo”, se burló.

Tarde, Rodolfo Tahilade le respondió a Massot. “Yo voy a ir a Marcos Paz a visitar a los presos políticos de este Gobierno cipayo. Pero vos vas a ir a visitar a los asesinos amigos de tu familia”, lo increpó.

Dujovne no estaba, pero sí su secretario de política económica, Sebastián Galiani. “En 1985 había 10% de pobreza. ¿No habremos hecho algo mal?”, sugirió, visiblemente nervioso.

Amadeo informó que los manifestantes habían agredido a Pablo Tonelli, recordado por decir que los jubilados perderían plata y no poder adquisitivo. “Nuestro bloque repudia la agresión y pide investigar qué paso”, respondió Hugo Yasky. Nadie confiaba en nadie.

Los cruces siguieron con insultos entre Daniel Lipovetzky (PRO) y Horacio Pietragalla (FpV-PJ), molesto porque su colega recordó que sufrió los grupos de tareas en su casa de La Plata mientras el matrimonio Kirchner disfrutaba de negocios inmobiliarios en Santa Cruz.

Luciano Laspina aportó su racionalidad habitual, pero casi pierde la calma cuando las señoras lo agredían sin parar. No habían parado todo el día.