Cristina Kirchner volverá a dejar su banca vacía mañana en la apertura de sesiones de este jueves y evitará cruzarse con Mauricio Macri, como cuando el 10 de diciembre de 2015 se negó a entregarle la banda presidencial.

La ex presidenta no fue a la sesión preparatoria del Senado este miércoles, donde se eligieron autoridades y no pudo imponer a Juliana Di Tullio como funcionaria. Y tampoco quiere estar el jueves en Diputados para escuchar su plan de Gobierno, una conducta que ya hizo suya Máximo Kirchner, reacio a las aperturas de sesiones.

La excusa de su mamá es la de siempre: el desgano por presenciar críticas a su gestión, la excusa que usó en diciembre para ausentarse de las reuniones de la Comisión de Presupuesto, donde la esperaba Nicolás Dujovne.

Entre los kirchneristas de la Cámara alta hablaban de una presencia escasa de Cristina en las comisiones, para evitar debates superfluos en torno a su figura.

No estaría en Asuntos Constitucionales, que tratará su desafuero; y hasta seguiría con faltazos recurrentes a Presupuesto, que suele reunirse para temas importantes. “No sería tan grave, tendrá el rol que tenga que tener”, minimizaban sus más cercanos.

Está claro que no le gusta exponerse en condiciones desfavorables, como es una apertura de sesiones. Los dos discursos del presidente fueron bien disímiles: en 2016 se mostró dubitativo e incómodo y el año pasado agresivo y confrontativo. Cristina no se bancaría escucharlo.