Otra vez, una polémica en torno a la política de derechos humanos del Gobierno encendió el informe de Marcos Peña en Diputados y enfrentó a Cambiemos con la oposición.

Esta vez, al kirchnerismo se sumó la massista Graciela Camaño, que este martes, en conferencia de prensa, repudió la liberación de 1700 presos, entre ellos los represores Jorge “Tigre” Acosta y Julio “El turco Julián” Simón.

El diputado Horacio Pietragala, hijo de desaparecidos, recordó que “el turco Julián fue acusado en la Esma de torturar, donde se lo acusó de violar, robar bebés, arrojar personas al mar y enterrar personas en fosas comunes”.

“Yo a veces me pregunto que tiene en la cabeza el gobierno para darle impunidad a estos tipos. Porque acá el jefe del bloque oficialista dijo que estaba orgulloso de la familia y el tío era colaboracionista de la dictadura. La conclusión que saco es que le tiene que devolver favores porque son los grupos económicos”, prosiguió.

También cuestionó la decisión de convertir Campo de mayo en un parque nacional. “Fue uno de los centros clandestinos más grandes del mundo”, señaló y le acercó a Peña una brutal foto de la fosa de San Vicente, Córdoba, con la identificación de su padre.

El jefe de Gabinete la dejó en su estrado, junto a sus apuntes, y contraatacó: “Lamento que mienta: el Poder Ejecutivo no recomendó liberar condenados. “El servicio penitenciario, cumpliendo una demanda de todos los años según las leyes vigentes. Para su tranquilidad, la secretaría de Derechos Humanos está planteando que no está de acuerdo”.

Acusó de mentir a Camaño por su conferencia de ayer y le llegó la respuesta encendida de la jefa del Frente Renovador.

“El servicio penitenciario depende del poder ejecutivo. El año pasado se hizo una reunión en el Ministerio de Justicia y varias personas plantearon una lista de posibles beneficiados de libertad condicional, en aras de resolver la superpoblación carcelaria”.

“Hay una figura que depende de este Congreso, que es la Procuración Penitenciaria, y le invito a ver su informe. Fue a unidades penitenciarias y no encontró los precios”.

“No se puede liberar los presos porque no se construyen cárceles. Se lo libera en la sociedad, donde estamos todos y sufrimos el flagelo de la inseguridad”.

Como fue una cuestión de privilegio, Peña no pudo responder, Camaño volvió a atacarlo cuando tuvo la oportunidad y no lo dejó hablar nunca. “Si me interrumpe voy a hablar de esto a la prensa”, amenazó un caprichoso jefe de Gabinete. La masssista no paró de gritarle. Nunca.