“Perdoname”, repetía Gabriela Cerruti en la escueta reunión de bloque FpV-PJ que hubo poco después de la intervención en el Congreso del ministro de Finanzas Luis Caputo, finalizada por un escándalo protagonizado por la diputada.

Cerruti contó, por Twitter, que aún quedaban 10 legisladores por preguntar, entre ellos varios de sus compañeros de bloque como la rionegrina María Emilia Soria y Rodolfo Tailhade, que es miembro de la bicameral de control de deuda, organizadora de la reunión.

Aun así el senador peronista José Mayans, su presidente, lo dejó para el último bloque de preguntas que nunca llegó. Tailhade denunció penalmente a Caputo por emitir deuda a 100 años y participar en sociedades offshore, pero no pudo enrostarle los documentos que prometió mostrar. Los descargó en un comunicado, titulado “Robó, huyó y lo pescaron”.

Mayans había reservado la sala de las provincias del Senado entre las 9 y las 13 y cuando Cerruti dio el primer grito ya era tiempo cumplido para Caputo, que se paró y se fue rápido. Le siguieron los legisladores de Cambiemos.

La bronca flotaba en la reunión de bloque FpV-PJ por la inocencia de la ex legisladora porteña. “Si estos de Nuevo Encuentro nos frustran las estrategias, no nos sirven”, vociferó otro de los diputados que esperaba hablar y no pudo.

Cerruti tuvo el respaldo de Rossi y los camporistas como Axel Kicillof, el primero en capitalizar sus aullidos ante las cámaras. Varios de sus pares de la agrupación de Máximo Kirchner festejaron con Twitter con ironías contra el ministro, cuya exposición pasó a un segundo plano, un éxito para Cambiemos.

No estaban felices los moderados del bloque K. Jamas entendieorn como Cerruti no esperó al final de la reunión para escandalizarse, o si es que era necesario reaccionar así.

Uno de los asombrados era José Luis Gioja, que justo estaba acorralando a Caputo cuando la reunión se cayó: le había pedido la renuncia, tras hacerlo trastabillar con su declaración jurada.

“Si usted, en este caso, ha reconocido, o ha blanqueado que participó en estas sociedades offshore, creo que el camino a seguir debería ser por lo menos igual al de Valentín Díaz Gilligan, que renunció”, lo había apurado.

Se quedaron sin hablar diputados de otros bloques como Felipe Solá (Frente Renovador), Javier David (Argentina Federal) y Araceli Ferreyra (Movimiento Evita). Los tres escucharon las cuatro horas de exposición y se fueron sin preguntar y sin chaces de volverlo a hacer.

En Cambiemos era todo fiesta. “El escándalo tapa todo”, repetían y aseguraban que en la Casa Rosada era todo felicidad por lo que consideraban un final feliz. El silencio de Tailhade era un éxito aparte. Se lo deben a Cerruti.