Axel Kicillof aportó su vehemencia para rechazar la ley de mercado de capitales, aludió a la “inestabilidad de los mercados”, pero no mencionó la palabra FMI, para sorpresa de muchos oficialistas.

Tampoco lo hizo Máximo Kirchner, ya en la sesión sobre la ley que limita los tarifazos. “Venimos votando como votamos porque las medidas que toman nos iban a llevar a esta situación”, dijo el hijo de la ex presidenta, preocupado por mostrar una boleta con la tarifa de luz de 8 mil pesos a una vecina de Santa Cruz.

Andrés Larroque sólo hizo una reivindicación final: “El 2001 no esta a dos siglos, solo a 17 años de nosotros, en aquel momento se pudo salir de aquel infierno a partir del coraje de Néstor Kirchner. Fíjense que tardó dos años en sacarse al FMI de encima, y Macri tardó dos años en volver”.

Pero el polémico acuerdo que se negocia en Washington no fue el arma predilecta de los K. Los carteles contra el FMI sólo ilustraron las bancas de los diputados de izquierda y no hubo ni una cuestión de privilegio para hablar del tema. Emilio Monzó hace mucho tiempo que no conseguía una convivencia tan sana, justo cuando la Casa Rosada está en llamas.

Cristina le ordenó a Rossi “no pudrir la sesión” sobre tarifas con repudios al acuerdo con el FMI. Teme que una palabra suya acreciente otra corrida y la culpen.
No fue sólo su mérito: como anticipó LPO, Cristina decidió no hablar de la corrida del dólar e instruyó a los suyos a actuar en consecuencia. La orden le llegó a Agustín Rossi, jefe de su bloque de diputados, y la informó ayer en una breve reunión con Cristina Álvarez Rodríguez, Axel Kicillof y Leopoldo Moreau.

“No la pudran, que nadie los acusa de desestabilizar”, fue la instrucción de la ex jefa de Estado. “Ella el año pasado temía ser candidata y que la responsabilicen de la primera corrida, por eso no hablará. Sabe que los mercados pueden reaccionar mal y culparla”, explicó a LPO un miembro del bloque.

Por un buen tiempo, sólo se la escuchará en en el Senado, donde es capaz de hablar 40 minutos, el doble de lo reglamentario.

Rossi, Álvarez Rodríguez y Moreau son las fijas de todas las reuniones de mesa chica del FpV-PJ, a las que se suman José Luis Gioja y, sólo a veces, Fernando Espinoza.

“Lo de La Cámpora no dan órdenes, pero hablan con Cristina todo el tiempo”, cuentan en el bloque. Máximo casi no aparece y menos para debatir decisiones de su mamá y Eduardo “Wado” De Pedro sólo interviene en leyes jurídicas.

Moreau no habló tanto del FMI, pero sí le cumplió un recado a Cristina: le exigió a Mario Negri pedirle perdón a la ex presidenta y a Axel Kicillof por haberlos denunciado las operaciones de dólar futuro de 2015, similares a la utilizadas por Federico Sturzenegger para frenar la presión contra el dólar.

Rossi consolidó un diálogo permanente con Graciela Camaño y Pablo Kosiner, jefe del massismo y Argentina Federal (gobernadores), que le permitió acorralar a Cambiemos con los tarifazos.

Ya no hay ataques cuando acuerdan alguna ley con el Gobierno (como las que sustituyeron el megadecreto) y ante la mínima chance de unidad, el santafesino obliga a sus dirigidos a sumarse al dictamen que sea. Todo lo define Cristina. Como el silencio de estos días.