El Papa Francisco consolidó hoy en su histórica exposición en el Capitolio norteamericano un nuevo rotulo a los muchos que ya tiene: “El Papa de los inmigrantes”. De esta manera lo saludaron hoy los periódicos de origen hispano que, tímidos, asoman entre los poderosos Wall Street Journal o New York Times en las tiendas de revistas de esta ciudad. Lo hicieron porque leyeron en sus palabras:”soy hijo de inmigrantes en esta tierra forjada por inmigrantes” una esperanza para que el Congreso de mayoría republicana destrabe la reforma migratoria a través de la cuál Barack Obama busca regularizar a más de 11 millones de inmigrantes ilegales. La mayoría de ellos hispanos y presumiblemente católicos.

Ayer en la Casa Blanca, con Obama a su lado, comenzó así su discurso y hoy, en el Capitolio, lo repitió agregándole un contundente: “como ustedes” por si quedaban dudas de su postura en ese tema, que no es el único en el cuál coincide con el Presidente norteamericano, al punto tal que algunos analistas acá comparan esta relación con la que tuvieron en los 80 Ronald Reagan y Juan Pablo II.

La complicidad entre ambos líderes – visualizada en la reapertura de relaciones de Cuba con EE.UU- se hizo evidente también en la sútil apelación a la condición común de “americanos” que tanto Obama como Francisco hacen reiteradamente. Hasta hace poco, cuando aquí se hablaba de “americanos” sólo se hablaba de “norteamericanos” y en Latinoamérica el nosotros excluía a los del norte.

Poder católico

Pero lejos de la batalla contra el comunismo que anudó al Vaticano y Washington en los 80, la agenda en común de Francisco y Obama es – en palabras del New York Times – “de izquierda” que aquí se traduce como “liberal” e incluye no solo “misericordia” para los refugiados e inmigrantes sino también cambio climático, control de venta de armas, justicia social. En el Congreso, con palabras suaves y diplomáticas, fue por más y hasta se animó a pedir la supresión de la pena de muerte.

Habíl, dejó también conceptos saludables para los oídos de los sectores conservadores – quien lo invitó, el titular de la Cámara de Representantes, John Boehner es un republicano católico – defendiendo la vida desde la concepción, la familia tradicional y apuntando contra el fundamentalismo religioso. Pero suena a poco al lado del énfasis que puso en los otros puntos abordados.

Boehner no es el único católico con poder en EE.UU. A su lado estaba sentado el Vicepresidente Joe Biden que también profesa esa fe al igual que 138 legisladores, 26 senadores y 6 jueces de la Suprema Corte. Mucho para un país donde solo el 22% se reconoce como católico y donde el único Presidente de esa Iglesia, John F. Kenedy tuvo que explicar durante su campaña que no iba a recibir ordenes del Vaticano y donde hasta 1984 no hubo relaciones diplomáticas entre ambos estados.

Tal como había anticipado, para evitar inconvenientes con las traducciones Francisco hizo su discurso en el Congreso – el primero de un Papa en ese ámbito – en inglés. Un inglés lento y dificultoso que en algunos tramos paradójicamente confundió a algunos de sus oyentes. Durante los más de 50 minutos que duró su alocución, fue interrumpido varias veces con aplausos aunque no siempre unánimes. Muchos republicanos incluido el anfitrión Boehner, que en algunos momentos se emocionó hasta las lágrimas -y desató una ola de bromas en las redes donde lo bautizaron jellyfish (medusa)-, evitaron aplaudir sus posturas sobre la pena de muerte o el cambio climático.

El impacto sobre Trump

De hecho a poco de que el Papa argentino volara a Nueva York, donde mañana también por primera vez en la historia expondrá en la 70º Asamblea Anual de la ONU, el precandidato republicano Donald Trump marcó, nuevamente, sus diferencias con Francisco en temas como inmigración y cambio climático, aunque esta vez empleó un tono mas moderado.

Trump, que lidera las encuestas entre los precandidatos republicanos, es una muestra de la división que existe en este país entre progresistas y conservadores, división que Francisco visualiza en todo Occidente y, según voceros de la Iglesia, busca acotar con el objetivo de evitar que la polarización frene las transformaciones que él cree deben promoverse.

Para esto se apoya en una popularidad que según algunas estadísticas vaticanas (sobre fieles en la Plaza de San Pedro) superaría incluso a la de Juan Pablo II. Cronistas que acompañaron su recorrida por las calles de Washington destacaron la adhesión que genera Francisco entre la gente de a pie, que cual si fuera un rockstar, se desesperan por poder verlo a la distancia o tomarle una fotografía al paso.

Lo mismo pudo observarse esta tarde en la Catedral de San Patricio, en Nueva York. En un marco de seguridad imponente que cortó los accesos a la 5ta avenida y calle 51 – donde se encuentra la Iglesia – en varias cuadras a la redonda, cientos y cientos de devotos de Francisco pugnaban por una fotografía a lo lejos mientras daban gritos de aclamación. El contraste del ya clásico fiat 500 del Papa, con los grandes vehículos de la seguridad que lo rodeaban en la caravana.

El Papa gusta recurrir a la historia de sus anfitriones para dejar mensajes punzantes. En Cuba apeló a Martí y en Estados Unidos a Abraham Lincol y a Martín Luther King.
Allí Francisco dejó un mensaje que atiende a la realidad de la Iglesia. Habló de la “verguenza” por las “heridas” de sus “hijos más indefensos”. Una referencia clara al tema de los abusos de menores que en este país tiene muchos casos judicializados que llevaron a la Iglesia a tener que pagar grandes sumas de dinero en sentencias o acuerdos judiciales.

Nada de lo que dice o hace Francisco es en rigor demasiado alejado de lo que dijeron en su momento otros Papas, incluso el propio Benedicto fue el primero en tener una actitud firme contra los sacerdotes abusadores mientras que Juan Pablo II (que en ese sentido fue más permisivo) fue por ejemplo el primero en viajar a Cuba y reunirse con Fidel Castro rompiendo el aislamiento de Occidente con la isla.

Pero el nuevo escenario mundial y la impronta de este Papa le dan un marco distinto a sus acciones, a sus gestos y sobre todo a sus palabras. Cuestionado por los extremos ideológicos, gusta de recurrir a la historia de sus anfitriones para dejar mensajes punzantes. Así como en Cuba, apeló a José Martí – líder independentista enaltecido por la Revolución castrista- para hablar de evitar “el poder de las dinastías”. En EE.UU recurrió hoy a Abraham Lincoln y Martín Luther King (uno republicano y otro demócrata) para valorizar la condición de “gran país” de Estados Unidos por la “defensa de la libertad” que hizo el primero y la “lucha por la justicia” del segundo. También aludió a una poco conocida activista católica de la década del 30, Dorothy Day, para refrendar su valoración por un concepto con aroma argentino: La Justicia Social.

Fuente: La Politica Online